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DESCONEXIÓN EMOCIONAL: Desbloqueando recuerdos

La desconexión emocional es la forma de reaccionar cuando no existe la opción de huir o atacar. Ante un peligro nuestro sistema está preparado para una de estas dos respuestas, pero no se habla tanto de la no respuesta o del bloqueo asociado a una situación de abuso en la que la persona se siente indefensa ante el peligro. En esta situación la persona se desconecta emocionalmente de la situación como estrategia de defensa.

En ocasiones tenemos miedo de que nos vuelvan a hacer daño y reaccionamos de manera instintiva: huimos o atacamos. Pero cuando la situación se mantiene y sobrepasa los límites humanos, cuando te superan en número, en poder… Hay otra reacción posible y es «no hacer nada». No reaccionar, no es «no hacer nada», muchas veces no hacer «NADA» es la única opción.

Tras la lectura del libro No soy Yo (Anabel González, 2017) se desarrolla este concepto y se reflexiona sobre los procesos mentales que ocurren tras acontecimientos vitales dolorosos.

Estemos seguros de que si nuestra mente no deja que los recuerdos lleguen es porque sabe mejor que nosotros que no estamos preparados para asimilar todo lo que contiene.

DESCONEXIÓN EMOCIONAL

La desconexión emocional o evitación activa de las emociones, es el patrón de defensa ante situaciones que nos producen dolor. Si no nos paramos a observar estas emociones, seguiremos actuando sin enfrentarnos a nuestros fantasmas.

Es una estrategia instintiva que a la larga se convierte en un funcionamiento automático que nos permite sobrevivir sin consumir demasiada energía.

Al no enfrentarnos al dolor, no permitimos sanar nuestra historia y lo que es peor creeremos que de verdad lo hemos superado.

Es como saber que tenemos en nuestro jardín una mina antipersona.

Creemos que con tal de no pisar por la zona donde está enterrada será suficiente. Pero un día podremos tropezar y caer encima.

La realidad es que no podemos disfrutar por completo de nuestro jardín.

MECANISMOS DE EVITACIÓN

Ante una situación traumática o dolorosa, puede que muchos de nuestros principales motivos para seguir adelante se vean irrumpidos por una realidad que no nos esperábamos. Cuando se produce una injusticia sobre nosotros la realidad se vuelve en nuestra contra y se torna dolorosa. Es un momento en el que replantearnos cómo seguir adelante tras un suceso así.

En especial que el daño provenga de quienes se supone que deben cuidarnos o de aquellos en los que confiamos, se nos queda grabado y algo dentro de nosotros se rompe. Unido a esta sensación empieza a haber una incomprensión del mundo que les rodea, una desorganización a nivel de aspectos mentales que necesita de una nueva mirada y una nueva perspectiva del mundo que nos rodea.

SENSORES EMOCIONALES

No hay emociones buenas ni malas, todas ellas nos dicen algo…

Las emociones y sensaciones son nuestros sensores: atenuarlos anula nuestras referencias sobre lo que ocurre, cómo nos afecta, sobre lo que necesitamos y cómo conseguir estar mejor.

No soy yo. p. 18
  • IMPULSAN UNA ACCIÓN. Una emoción no surge para quedarse dentro sino para provocar una reacción que nos impulse a cambiar una situación que nos indica que hay necesidades insatisfechas. A veces las emociones nos impulsan a reacciones adversas (si sentimos soledad, buscamos aislarnos aún mas en lugar de buscar compañía). Al menos es importante darnos cuenta de lo que las emociones nos piden, aunque hagamos lo contrario.
  • FLUYEN Y SE MEZCLAN. No trates de experimentar las emociones por separado, ni de mantenerlas bajo control. Son como colores que van formando un paisaje puedes elegir el pincel, pero no los colores que habrá en el cuadro porque dependerá de la paleta de colores de la que disponemos. De este modo las emociones deben fluir y mezclarse, puedes enfadarte con alguien a quien quieres, tu pasado emocional no debería condicionar tus emociones ahora.
  • ME DICEN COSAS. Decirte «no lo soporto» como herramienta para solucionar un problema es una tortura. Prueba a cambiar tu diálogo interior La voz interior. Hablar con nosotros mismos.
  • TIENEN SENTIDO Y APARECEN CUANDO TOCA. Permítete experimentarlas no las escondas porque no puedes decidir qué puedes o no puedes sentir. Nuestro organismo se rebela a esa «dictadura emocional».
  • NO COMPITEN NI SE PELEAN. No cierres la puerta ni mires para otro lado. Lo que no salga por la puerta, lo que no llegue a la conciencia, vivirá conmigo para siempre. El pasado seguirá en el presente, condicionando tus decisiones y repitiendo patrones de acción habituales, pero ineficaces.

RECORDAR EL PASADO

Al recordar el pasado hay momentos más pesados que están unidos a nuestra memoria por una carga emocional que nos deja huella. Si somos afectados por situaciones extremas y traumáticas, podremos desarrollar una tendencia a bloquear recuerdos dolorosos. Esto ocasiona que no desaparezcan y no podamos archivarlos en nuestra memoria, sino que sigan latentes conservándose en parte de todos nuestros pensamientos, emociones y sensaciones.

Las experiencias emocionales antiguas no procesadas influyen e interfieren en nuestro presente. Cuanta menos conciencia tengamos, menos creeremos que lo que nos pasa tenga que ver algo con nuestro pasado.

La atracción que producen estos recuerdos es proporcional a nuestra fobia a volver a ellos.

No soy yo. p. 33

PASOS PARA EMPEZAR A SANAR

Hay que encontrar un equilibrio entre frenarnos por miedo y forzarnos a hacer cosas para las que aún no estamos preparados. Ha de ser un proceso cuidadoso y gradual. Si venimos de una historia compleja meternos en ella de cabeza puede generar un sufrimiento poco productivo.

La cuestión no es si vale la pena o no mirar para atrás, sino encontrar el momento y ritmo adecuados. El objetivo no es relajarnos, sino empezar a tolerar nuestras emociones sin evitar o desconectar.

  • NO METERSE DE LLENO EN LOS RECUERDOS. Si los recuerdos nos inundan los veremos demasiado cerca y sin perspectiva. Notaremos reacciones desproporcionadas para lo que sucede en el momento presente: debemos tomar perspectiva y ver la historia en su conjunto.
  • IDENTIFICAR DISPARADORES. Pararnos a sentir e irnos distanciando. Es fundamental atajar las primeras etapas de la secuencia, antes de que coja velocidad y se salga de nuestro control. Pararnos a observar lo que sentimos, sin escaparnos y sin juzgarnos por sentirnos así.
  • PASAR DE AUTOMÁTICO A MANUAL. Poner nombres y apellidos al malestar identificar secuencias de sensaciones y reflexionar sobre ello para hacer cambios. Hacer algo distinto es un avance en sí mismo.

La cuestión no es si nos apetece o no, sino si nos hace bien.

Si queremos mejorar, aprender a cuidarnos es prioritario.

p. 42.

REUNIR LAS PIEZAS DEL PUZLE

Nuestra vida puede convertirse en un puzle sin resolver, pero reunir las piezas forma parte del proceso de recuperación. Cada pieza nos dará más pistas sobre quiénes somos y aprender a utilizarlas para protegernos.

Esas piezas del puzle, que rechazamos, tienen su origen en nuestra propia historia, son necesidades infantiles insatisfechas (sucesos que interrumpieron nuestra evolución, personas que no supieron entender nuestras necesidades ni sintonizar con nosotros). Solo al rescatar esa parte de nosotros, reintegrándola y aprendiendo a gestionarla de otro modo, podremos dejar ir aquello que no nos gusta de nosotros. Ahora somos adultos y nos podemos proteger.

En ocasiones sentimos una tristeza/rabia que no sabemos de dónde viene. Puede que esa emoción esté ligada a una necesidad infantil insatisfecha que nos conecta con algún momento en el que esa emoción no fue atendida adecuadamente.

Curiosamente aquello de lo que menos conciencia tenemos, es lo que más influencia tiene en nuestras decisiones. Por eso, muchas veces nos vemos repitiendo patrones y actuando como actuaron con nosotros en el pasado. Tratamos de que tenga otro final, pero terminamos repitiéndolo.

HACERNOS CONSCIENTES.

RESPONSABILIZARNOS.

COMUNICAR NUESTRAS EXPERIENCIAS Y CÓMO NOS AFECTARON.

PACIENCIA Y SEGUIR TRABAJANDO.

CONSTRUIR RELACIONES SIGNIFICATIVAS.

¿DE QUÉ TE PROTEGES?

Cuando hemos crecido o pasado mucho tiempo en un entorno amenazante u hostil, desplegamos muchos mecanismos para neutralizar el daño: atacar/defenderse/bloquearse. Estas reacciones aunque en su momento fueran las únicas posibles, ya no nos protegen pues el peligro ya paso. Heridas de la infancia. El daño que no se ve.

Reacciones defensivas instintivas: desconfiar, atacar, dominar, someterse, creerse superior, los demás me tienen que entender, que los demás estén bien es lo más importante, soy imprescindible, necesito que todo este bajo control, necesito dar el 1000%, nadie me entiende, me quejo, me anestesio, idealizo, cargo con todo, me rindo… p. 94-100.

Todas estas, son reacciones de supervivencia ante una amenaza, como medio de protección, para regular emociones o como sistema compensatorio ante la falta de un vínculo de apego en el que sentirnos protegidos. Son respuestas rápidas instintivas y no nos dan margen para reflexionar. Por lo tanto si vemos en nosotros alguno de estos sistemas de protección hemos de hacernos unas cuantas preguntas:

  1. ¿De qué me protejo?
  2. ¿De dónde aprendí a protegerme así?
  3. ¿De verdad me está protegiendo ahora?
  4. ¿Qué es lo que más me ayudaría en esta situación?
  5. ¿Para qué sirve el sistema que estoy usando, cuál es su sitio, en qué se puede reconvertir?

CLAVE. El puente para que los niños que fuimos y que siguen atrapados salgan de ese lugar, es que el adulto que somos pueda mirarlos con ojos nuevos y con amor incondicional.

MIRAR AL PASADO DESDE EL PRESENTE

El camino no se consigue dejándolo todo atrás, sino abrazando y reconciliándonos con lo que fuimos en distintas etapas. Entendiendo lo que hicimos y lo que no pudimos hacer.

Un recuerdo que no ha pasado al archivo y sigue teniendo emociones, sensaciones y creencias activas consume nuestra energía. Una vez desbloqueado pasa al almacén general de la memoria, donde se coloca como una foto vieja en el álbum de los recuerdos. El camino siempre es el mismo:

  • ENTENDER SU ORIGEN.
  • DESPRENDERLAS DEL MOLDE EN EL QUE SE FORMARON.
  • ABRIR AL COMUNICACIÓN CON EL RESTO DE SISTEMAS.
  • COMBINAR PERSPECTIVAS PASADO-PRESENTE.
  • DARLES UNA NUEVA FORMA.
  • HACER QUE ENCAJEN CON EL MOMENTO PRESENTE.

No vamos a nuestros recuerdos para mirarnos del mismo modo que nos miraron.

Hacemos este viaje para mirarnos con ojos nuevos, con los nuestros más sabios.

BIBLIOGRAFÍA

Gonzalez, A. (2017). No soy yo: Entendiendo El Trauma Complejo, El Apego, y La Disociación: Una Guía Para Pacientes. Anabel González.

https://www.youtube.com/channel/UC5wNJNDfSI1YbgGOKoMaqEA

https://anabelgonzalez.es/

Esta entrada tiene un comentario

  1. Marta

    Es fascinante lo que como seres humanos hacemos para sobrevivir, cómo somos capaces de protegernos del daño y de reprimir recuerdos; también lo es la forma en la que siguen presentes en la vida si no se resuelven. Qué importante este trabajo de desbloquear recuerdos dolorosos y poder elaborarlos para poder ser más libres.
    Excelente trabajo Lucía!!

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