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El duelo: Como afrontar una pérdida dolorosa

El duelo ante la pérdida de una persona se confunde a menudo con sufrir una depresión. El duelo es una reacción natural ante la pérdida. En el duelo predomina el sentimiento de pérdida. Generalmente disminuye de intensidad en días, semanas o meses y se produce en oleadas. Mientras que en la depresión se da un estado de ánimo deprimido persistente unido a anhedonia.

Esto no quiere decir que el sentimiento de pérdida no pueda ser una situación altamente desagradable y dolorosa. Que puede alargarse en el tiempo más de lo necesario. Y no por eso: debemos normalizar las reacciones frecuentes ante una pérdida. Pero también debemos saber detectar las reacciones más intensas que se alargan demasiado en el tiempo. Y producen gran malestar. El dolor es irremediable y generara un gran cambio vital. La muerte de un familiar es de los acontecimientos más estresantes de la vida. Pero aprender a hacer la transición hacia una vida que no esté inundada por el recuerdo doloroso también es necesaria.

Nuevas consideraciones sobre la muerte

Hacia finales del siglo pasado, las consideraciones hacia la muerte han cambiado. La muerte ha dejado de considerarse parte de la vida. Y se ha convertido en un tema tabú del que evitamos hablar. Hay una presión social para evitar el tema y ocultarlo.

Nuestra cultura actual evade la muerte. Lo que ocurre es que a consecuencia de esto las personas sufren aislamiento y soledad. Y padecen a solas el último acto de la vida. La muerte nos recuerda lo frágiles y vulnerables que somos. Pero es una parte que viene unida al acto de la vida.

Hay una gran presión por parte de la gente a ocultar sus emociones negativas. Debido a que los demás huimos de reacciones que nos puedan debilitar y trastocar. Debemos empezar a aceptar el dolor como parte de la vida. Es en el sufrimiento donde las personas nos necesitamos.

Tipos de duelo

No todos los duelos suceden o se experimentan de la misma manera.

  • Duelo normal. Es el más frecuente. Se caracteriza por diferentes vivencias que afectan a todas las áreas de la persona. La persona pasa por tres fases: shock, preocupación y resolución.
  • Duelo ambiguo. Es la que más ansiedad provoca. Ya que los familiares perciben a la persona como ausente físicamente pero presente psicologicamente. Se trata de la pérdida de una persona de la que no se tiene seguridad sobre si está viva o muerta. No se ha encontrado el cuerpo. Esta forma de duelo es común ante desastres naturales, catástrofes y personas desaparecidas por cualquier índole.
  • Duelo exagerado. Es un duelo que se caracteriza por una intensa reacción. Se niega la realidad de la muerte. O se reconoce que la persona si ha fallecido. Pero con la creencia de que será beneficioso para el allegado.
  • Duelo enmascarado. Se experimentan síntomas somáticos. Pero no se relacionan con la pérdida del ser querido. Son personas que continúan con su vida tras el fallecimiento. Y experimentan dolor en forma de síntomas, pero buscan una causa orgánica al dolor. En lugar de asociarlo a la muerte de un familiar o ser querido.
  • Duelo congelado o retardado. Se produce en las primeras fases tras la pérdida. Se produce una extensión del embotamiento con dificultad de expresión de emociones.
  • Duelo crónico. La persona se encuentra vinculada al dolor durante mucho tiempo. Es incapaz de rehacer su vida y se muestra absorbida por su vida anterior. Rememora recuerdos y no se permite volver a la normalidad.
  • Duelo anticipatorio. Es una manera de anticipar lo irremediable. Se empieza a elaborar el dolor de la pérdida inminente. Sucede en personas que son terminales. Es una manera de adaptación y protección.

Reacciones normales ante una pérdida

Ante una situación dramática las personas reaccionamos de diversas formas a la noticia. Durante el proceso de superación del acontecimiento se van desarrollando reacciones distintas. La sucesión de reacciones puede solaparse. Ej. Se pueden experimentar reacciones de culpa e impotencia al mismo tiempo. No hay un proceso que sea más adecuado que otro. Las reacciones son tan variadas como los acontecimientos que rodean la pérdida. Las reacciones más frecuentes ante la mala noticia son:

  • Shock emocional. Ante la noticia de la pérdida se produce un shock. Una reacción emocional intensa que paraliza a la persona. Sobre todo si la muerte ha sido inesperada o traumática. Ej. Un accidente de coche.
  • Negación (te has confundido, no es posible). Suele ocurrir una negación rotunda a la noticia. La persona no puede creerse lo que le cuentan. Y no es capaz de reaccionar.
  • Elevado nivel de activación o paralización. A nivel fisiológico es posible que la tasa cardíaca aumente, las palpitaciones. Pero por otro lado también pueden dejar a la persona paralizada. Casi sin expresión facial. Se vuelve ausente y fría. Son dos reacciones extremas.
  • Impotencia (no voy a saber que hacer sin él/ella). Al asumir la perdida la persona no se puede imaginar la vida. Siente desesperación y un vacío por la persona que se ha marchado. Ya no hay nada que hacer y se siente indefensa ante la situación.
  • Culpabilidad. Puede que empiece a pensar en lo que podría haber pasado. Se siente culpable por no haber estado con la persona. O culpable por seguir viviendo.
  • Reproche hacia los servicios profesionales. Por lo general el servicio médico sufre la reacción de los familiares. Y puede ser víctima de reproches y quejas hacia su trabajo.

Fases de afrontamiento del duelo

No hay un acuerdo sobre el numero de fases del proceso ni de su denominación. En general, hay personas que sufren el proceso de una forma lineal. Y en otras personas las fases se solapan. Además pueden retroceder o prolongarse en el tiempo.

  • Aturdimiento o choque. La primera reacción ante una mala noticia suele ser la incredulidad y confusión. En definitiva, la realidad es un estímulo excesivo. Por eso la reacción más frecuente es evitar enfrentarse a ella. Teniendo reacciones emocionales agudas como anonadamiento, incredulidad o aturdimiento. Incluso hay ocasiones en las que la persona se queda plana. Como si nada hubiera sucedido. Y continua con su vida normal. Ambas reacciones son contrarias, pero completamente normales. Formas diferentes de asimilar la realidad de manera progresiva. Durante esta etapa se producen reacciones psicosomáticas (temblores, aumento tasa cardíaca, cansancio). Se irán convirtiendo en ansiedad, hipervigilancia, miedo o pánico ante la pérdida de control.
  • Evitación y negación. La persona en duelo empieza a conectar con la realidad. Las respuestas anestésicas dejan de funcionar. Y cada vez se es más consciente de lo que ha sucedido. Las reacciones de evitación y negación son las más habituales. La persona habla obsesivamente de las circunstancias de la muerte. O evita hablar de cualquier tema relacionado. Se experimenta: rigidez corporal y pérdida o aumento de peso. Le suele costar expresar su dolor, niega que necesite ayuda y suele quitar importancia a lo sucedido. También pueden aislarse. Esta etapa es dura y puede complicarse si la persona no sale de este estado.
  • Conexión e integración. La persona comienza a tolerar el sufrimiento. Siente la necesidad de estar en contacto con los recuerdos. Ya no se opone a experimentar y expresar su dolor. Desaparece culpa y responsabilidad. Lo que a veces sucede es que la persona desarrolla una conversación imaginada o un diálogo interno con la persona fallecida. Comienzan a desaparecer lo síntomas somáticos.
  • Crecimiento y transformación. Se empieza a experimentar una transformación. Esto no significa que no sientan la pérdida. Es una fase en la que se integra el suceso como parte de la propia identidad. Se producen cambios en la percepción de uno mismo. En las relaciones con los demás. Los cambios más importantes tienen que ver con el sentido o la filosofía de la vida.

Duelo complicado

El duelo complicado es un proceso que se produce tras el fallecimiento de un familiar o allegado. Se diferencia del duelo normal en la intensidad y la duración de la reacción emocional.

La persona no tiene la capacidad de dejar ir, perder y olvidar a la persona perdida. En ocasiones encuentran en el sufrimiento un significado apropiado a su guión vital. No se permite avanzar en su vida, no se permite ser feliz o divertirse. Si se le da la oportunidad lo niega y lo rechaza. Es un proceso que se convierte en un duelo crónico. Idealizando a la persona fallecida. Se huye de la realidad y la rumiación se convierte en un proceso destructivo que mantiene a la persona en un continuo sufrimiento.

Durante esta fase la persona comienza a hacer rituales. Son hábitos para no olvidar, va al cementerio, besa su foto antes de dormir. Estas conductas ya no tienen la función de elaboración de la pérdida que tenían en las fases anteriores. Suelen ser personas que desarrollan un tipo de guión. El duelo es una confirmación de su manera de vivir.

Características del duelo complicado

El duelo complicado se produce tras seis meses de la pérdida. La mayoría de las personas aceptan la realidad de la pérdida. Pero quienes sufren una pena crónica los síntomas pueden observarse hasta dos años después del fallecimiento. Se manifiesta por las siguientes características:

  • Prolongación del embotamiento y las reacciones tras las semanas que siguen a la pérdida.
  • Durante las primeras semanas, las reacciones son intensas. Sentimientos elevados de rabia, de resentimiento, tristeza y culpa.
  • No puede hablar del fallecido sin tener sentimientos dolorosos.
  • No quiere desprenderse de ninguna pertenencia de fallecido. O se deshace rápidamente de todo recuerdo (evitación fóbica).
  • Cualquier acontecimiento desencadena reacciones emocionales desmesuradas.
  • Evita hablar de él, o cualquier situación que pueda hacerle que recuerde.
  • Cambios radicales en su forma de vida. Ej. Quedarse en casa sin salir.
  • Miedo desmesurado a la muerte.
  • Puede tener impulsos autodestructivos. Ej. Abusar del alcohol.
  • Pueden producirse intentos de suicidio.

Si tras el primer año del fallecimiento no se produce mejoras. O tras dos o tres años no hay una clara evolución satisfactoria de la pérdida. La persona debe acudir a terapia.

Estrategias de afrontamiento del duelo

Durante el proceso de afrontamiento de una pérdida se producen dos tipos de estrategias:

  • Hay personas que emplean mecanismos orientados hacia la pérdida y elaboración de la muerte. En los que se centra la atención sobre la expresión la añoranza, el recuerdo y la rumiación.
  • Y los otros mecanismos están orientados hacia la restauración. Aprendiendo a desarrollar nuevos roles, realizando cambios psicosociales, y reconstruyendo las creencias acerca de uno mismo.

Aceptar la pérdida

La aceptación de la realidad es necesaria para seguir adelante. Para ello se debe asumir que el reencuentro no es posible. La aceptación tarda tiempo porque implica una aceptación emocional. Y en muchas ocasiones las emociones no nos permiten aceptar la información completamente.

Cuando las personas creamos un vinculo pensamos que será duradero y para siempre. Y no podemos creer que tengamos que renunciar a el algún día. Por eso cuando llega la desaparición de la otra persona, nos resistimos a creer que se ha ido para siempre.

La negación desadaptativa se puede trabajar rememorando el acontecimiento. Repetir frases que representen la realidad. Ej. He perdido a mi hijo. O mi marido ya no está conmigo. Es importante ir acercándose hacia las evidencias que nos lleven a constatar que nuestro ser querido a fallecido.

No sabes lo fuerte que eres. Hasta que ser fuerte es la única opción que tienes.

Bob Marley

Trabajar las emociones y el dolor

Es imposible perder a alguien hacia el que hemos estado profundamente sin experimentar cierto nivel de dolor. No se deben bloquear los sentimientos o negar el dolor. Tampoco tratar de evitar pensamientos dolorosos. Se trata de expresar el dolor para que no se arrastre durante toda la vida. Es imprescindible que expresemos nuestros sentimientos por duro que parezca exponerse a la realidad.

Adaptarse sin la persona ausente

A veces hasta que no se va la persona no somos conscientes de las tareas que realizaba. La persona que se queda debe asumir responsabilidades y roles que antes eran realizados por el otro. Se debe empezar a vivir sin la otra persona. A pesar del dolor, la vida sigue su curso. Y no se para. El duelo nos obliga a solucionar los problemas que surgen tras la pérdida del ser querido. Esto puede impulsar el motor para la restauración del duelo. Puesto que nos obliga a involucrarnos de nuevo a las rutinas diarias.

Continuar viviendo

Nunca se pierden los recuerdos ni podemos eliminar a aquellas personas que han estado cerca de nosotros. La capacidad para restaurar la vida no comienza olvidando al fallecido. Sino encontrándole un lugar apropiado en su vida. Pero dejando un espacio para los demás.

Es un proceso con altibajos que se ve afectado por momentos más significativos que pueden remover los recuerdos de la otra persona. Hay que volver a vincularse con lo que la vida nos ofrece. Sin olvidar ni dejar de amar a quien estuvimos unidos.

La perdida se supera cuando la persona es capaz de pesar en el otro sin dolor. Solo disfrutando de los recuerdos sin que traigan dolor. Sin evitar poder sentirse triste en algunos momentos. Pero pudiendo hablar y expresar sus emociones con libertad.

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

Jorge Luis Borges

Trabajar la despedida

Para trabajar la despedida, se pueden realizar varios ejercicios. Van encaminados a resolver asuntos pendientes con el fallecido. Mantener un dialogo que nos permita despedirlo. Y nos permita elaborar la pérdida de una manera integra. Sin olvidar ningún aspecto de la vida con el otro que puedan rememorar pensamientos o creencias distorsionadas acerca de su relación con nosotros:

  • Demostrar actitud y gratitud por lo vivido. Expresar aspectos que se han podido quedar pendientes. Y resolviendo conflictos que quedaron sin resolver.
  • Expresar amor. Explorar e significado profundo de la relación. Expresarlo y validarlo.
  • El espejo roto. Es una técnica que trata de reflejar los aspectos propios que nos devolvía esa persona. Ej. A una madre se le devuelve una imagen de figura protectora para su hijo.
  • El futuro no vivido. Conectamos con la tristeza que nos causa lo que nuestro ser querido no podrá vivir. Ej. No me verá graduarme en la universidad.

El duelo es tan intenso porque nos confronta con los conflictos básicos de la existencia: muerte, libertad, soledad y la falta de significado.

No es olvido, es elaborar el duelo de manera sana aprendiendo a integrar lo mejor de la relación con la persona fallecida. El ser querido siempre tendrá un hueco en nuestro recuerdo.

El duelo es un proceso, no un estado.

Anne Grant

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