En este momento estás viendo ¿Eres optimista o pesimista?

¿Eres optimista o pesimista?

Si respondemos a esta pregunta, la mayoría de nosotros sabría responder si es más optimista o pesimista. Entendemos optimismo como una visión positiva ante la vida o lo que nos sucede «ver el vaso medio lleno». Mientras que el pesimismo estaría relacionado con la desesperanza o la desilusión «ver el vaso medio vacío». En el lenguaje popular ser optimista se ha relacionado con «ver la vida de color de rosas» y el pesimismo con «verlo todo negro».

Ser optimista o pesimista es una actitud con la que enfrentamos las adversidades de la vida. Que van a surgir problemas es obvio, pero podemos elegir las gafas con las que veamos un problema como algo pasajero, circunstancial y al que podemos hacer frente.

Optimista o pesimista

Pesimismo y optimismo son las dos caras de una misma moneda e intervienen entre acontecimientos y la interpretación personal que hacemos sobre los mismos. Mientras el optimismo se entiende como una disposición a ver el lado bueno de las cosas. El pesimismo es lo contrario, y se define como la predisposición a ver y juzgar las cosas desde su aspecto más negativo.

La forma habitual que utilizamos para explicar lo que nos pasa, tanto bueno como malo, refleja si nuestro estilo explicativo o atribucional es optimista o pesimista. Las explicaciones se pueden hacer en base a tres dimensiones:

  • Duración. El impacto de los acontecimientos pueden mantenerse en el tiempo, si va a ser siempre así (jamás aprobaré o he aprobado como siempre) o sólo a veces (a lo mejor la próxima apruebo o la próxima vez seguro que suspendo).
  • Alcance. Es la extensión de los efectos de estos acontecimientos sobre nosotros. Puede formular explicaciones globales (no sirvo para nada o soy buena persona) o específicas (las mates se me dan fatal o esta vez he tenido suerte). Estas explicaciones influyen a la hora de esforzarnos o no para conseguir algo en el futuro.
  • Personalización o el grado de responsabilidad personal que nos atribuimos por lo ocurrido. Podemos explicar una situación positiva o negativa en función a factores externos (era muy difícil o el profesor ha sido bueno) o internos (no he estudiado o he estudiado mucho) para explicar el suceso.

En otras palabras, ante un hecho positivo (Ej. Conseguir un trabajo) la persona optimista realizaría una atribución global (soy trabajadora), estable (siempre que me esfuerzo obtengo buenos resultados) e interna (me he esforzado mucho). Y para sucesos negativos (Ej. un tropiezo) una atribución específica (esta vez he tropezado), inestable (no suelo tropezar) y externa (me he tropezado porque el suelo estaba mojado).

La persona optimista sabe que cuenta con una serie de características para poder resolver los imprevistos o que deberá poner en marcha otras estrategias. En cambio la persona pesimista no cree en sus capacidades ni confía en ella misma.

Experiencias de éxito o de fracaso

La forma en la que atribuimos el éxito o fracaso se convierte en un modo de reaccionar y se aprende a partir de nuestras experiencias pasadas y los factores personales: familiares, personales, económicos y escolares, pueden promover un estilo más optimista o pesimista e intervenir en nuestras creencias acerca del mundo en general. Ej. El entorno escolar puede promover el optimismo (si tuvimos logros) o el pesimismo (si obtuvimos fracasos).

Cambiar las cosas destructivas que nos decimos a nosotros mismos cuando experimentamos los contratiempos de la vida normales que todos padecemos, es la habilidad central de optimismo.

M. Seligman.

En el desarrollo del optimismo la familia se convierte en una base imprescindible para que el niño establezca unas bases seguras. Desde este momento el niño podrá explorar el mundo de forma segura y sentirse dueño de su propia conducta. Determinadas circunstancias negativas interfieren en el desarrollo y mantenimiento del optimismo pero, no determinan necesariamente, problemas en la vida adulta.

El optimismo se genera desde la capacidad de confianza en nosotros mismos a través del control que ejercemos sobre nuestra propia vida. Confiar en nuestras capacidades y en la opción de poder cambiar el entorno genera una gran satisfacción y dominio sobre el medio. Favorecer entornos en los que se pueda actuar de este modo incrementa el uso de un estilo de pensamiento más optimista.

Características de los optimistas

  • Tienen un pensamiento más optimista.
  • Creen que los problemas se pueden resolver.
  • Perciben las metas como alcanzables: «No sé como, solo se que lo puedo conseguir».
  • Eligen estrategias de afrontamiento orientadas a la solución de problemas. Si nos centramos en resolver los problemas estaremos generando una actitud más positiva, generando alternativas y confianza en nosotros mismos.
  • Utilizan mecanismos de solución de problemas y toma de decisiones.
  • Menos ansiedad.
  • Creen que los acontecimientos se pueden superar con rapidez, tienden a salir fortalecidos y encuentran más sentimientos positivos en medio de las dificultades. Resiliencia: El poder de crecer ante las adversidades
  • Están más dispuestas a los cambios de actitud, incrementan sus esfuerzos y buscan apoyo social para salir de la situación dolorosa o estresante.
  • Se crecen ante las dificultades.
  • Promueven la satisfacción y sentimientos de felicidad.

Características de los pesimistas

  • Tienen un pensamiento más pesimista.
  • Creen que hay problemas que no se pueden resolver.
  • Perciben las metas como imposibles o difíciles de conseguir: «Es imposible que yo pueda con todo esto».
  • Utilizan estrategias de afrontamiento centradas en la emoción. Si vemos el problema como un gran estrés Estrés cero: Vivir sin estrés y nos sentimos incapaces de solventarlo, seremos más negativos.
  • Más propensos a utilizar mecanismos de evitación, distanciamiento personal y negación.
  • Más ansiosos y autocríticos.
  • Tienden a creer que los acontecimientos dolorosos o desagradables durarán mucho más tiempo.
  • Se subestiman casi por completo y no creen en su capacidad para cambiar algo.
  • Desisten ante los retos.
  • Promueve la depresión, baja autoestima y la ansiedad.

Cuestión de actitud

Una actitud es la tendencia a actuar de un modo determinado. Cuando las personas tenemos que enfrentarnos a un reto solemos incrementar nuestro esfuerzo para lograr con éxito la tarea. Cuando entran en juego los estilos optimista y pesimista, la probabilidad de conseguir el éxito juega a favor de los primeros.

Tener una actitud positiva (optimista) nos anima a esforzarnos, en cambio, una actitud negativa (pesimista) nos alejará de la meta porque entenderemos que no hay nada que podamos hacer para hacerle frente. Estos dos ejemplos nos ofrecen una explicación sobre cómo las personas, en función de su actitud (optimista o pesimista) superan experiencias difíciles o no lo hacen.

Detrás de cada estilo hay una serie de pensamientos automáticos (puedo, soy capaz, nunca lo conseguiré, esto es imposible) condicionados a nuestras experiencias de éxito y fracaso. Estas experiencias pasadas condicionan nuestra actitud ante próximos problemas. Si no nos paramos a identificar estos pensamientos nos dejamos llevar por ellos. Es útil aprender a identificar esos pensamientos automáticos que nos boicotean y actuar sopesando alternativas y tomando decisiones para solucionar nuestros problemas. Esta tendencia de interpretar la realidad suele ser algo bastante fijo aunque eso no significa que no las podamos cambiar.

Los hábitos de pensamiento no tienen por qué persistir para siempre. Uno de los hallazgos más significativos de la psicología en los últimos veinte años, es que los individuos eligen su forma de pensar.

M. Seligman

Está claro que hay más beneficios tanto en salud, como en éxito personal y profesional, en el desarrollo de un estilo más positivo y optimista. Ni el optimismo ni el pesimismo, nos vienen dados, por eso los podemos moldear. El optimismo se desarrolla de manera activa: haciendo frente a los problemas, teniendo esperanza, creando estrategias de afrontamiento, sin darse por vencidos y perseverando para alcanzar sus metas.

Todo irá bien

El optimismo no es ignorar las dificultades y creer que todo irá bien: «la vida no es de color rosa». La diferencia está en que el optimista siempre encontrará aspectos positivos, pero no se trata de relativizar los problemas o ignorar que habrá adversidades.

Un optimista no es un inconsciente, las personas optimistas han trabajado sobre sus expectativas de control y autoeficacia. No han desarrollado esta actitud de la nada, son activos en la consecución de sus metas y resolución de problemas. Estudian previamente la situación y su capacidad de control de los resultados, así como la posibilidad de alcanzar resultados positivos en el futuro y utilizando su eficacia personal.

Ser optimista tiene que ver con utilizar el pensamiento positivo de forma limitada (no las utilizan más allá de donde se puede), estratégica (ayudan a las personas a encontrar la manera de llevar a cabo sus objetivos) y responsable (están ajustadas a las características de la situación).

El optimismo conlleva una dosis importante de ilusión, de confianza, de esperanza y esto no está reñido con la realidad. Sí, hay muchas cosas que pueden salir mal, pero ¿Y las que pueden salir bien? Cambiar el foco es más sano y nos ayuda en nuestro bienestar y estabilidad mental.

El optimismo no confía en las soluciones mágicas, pero sí en el esfuerzo y en la posibilidad de que las cosas puedan ser diferentes.

Cómo ser más optimista

Es una pescadilla que se muerde la cola. Si no nos sentimos capaces y no lo intentamos, nunca obtendremos el refuerzo de haberlo conseguido. Es a través del miedo y de la ausencia de confianza en nosotros mismos que muchas veces no nos esforzamos por terminar con situaciones que nos hacen daño. Cuando desarrollamos estrategias para solucionarlos Entrenamiento en solución de problemas es cuando vemos que somos capaces, o en su defecto que hay cosas que todavía tenemos que seguir trabajando.

El análisis del pensamiento optimista o pesimista nos ayuda a tener una idea sobre nuestra tendencia para explicar situaciones que nos ocurren. Reflexionar sobre ello nos permite orientar nuestras ideas y aprender a combatir esquemas cognitivos negativos como el pesimismo.
Algunas habilidades cognitivas básicas para promover el optimismo:

  • Reconocer e identificar los pensamientos que se cruzan por la mente en los peores momentos. Estos pensamientos son los que casi imperceptiblemente afectan el estado de ánimo y la conducta.
  • Evaluar esos pensamientos.
  • Generar explicaciones más certeras y alternativas, y usarlas para desafiar esos pensamientos automáticos.
  • Descatastrofizar la situación. Se puede influir en el propio pensamiento, logrando así una mayor número de emociones positivas en el futuro.

Trabajar la prevención y la promoción de estilos más optimistas tiene como objetivo fortalecer la personalidad y crecer con un estilo de afrontamiento resiliente. Ser más optimistas nos ayuda a ser más bondadosos con nuestro pasado, apreciar mejor el presente, estar preparados para el futuro y transformar los cambios en oportunidades. Todo ello contribuye a que nos sintamos más felices, a que mejoren nuestras relaciones con los demás y a que nos sintamos más capaces de superar las dificultades.

El optimismo es simplemente una herramienta; pero es una herramienta poderosa.

M. Seligman.

Bibliografía

Fuentes, N. I. G. A. L., & Medina, J. L. V. (2012). Optimismo-pesimismo y resiliencia en adolescentes de una universidad pública. CIENCIA ergo-sum, Revista Científica Multidisciplinaria de Prospectiva19(3), 207-214.

Giménez Hernández, M. (2005). Optimismo y pesimismo: variables asociadas en el contexto escolar. Pulso.

Martínez-Correa, A., Del Paso, G. A. R., García-León, A., & González-Jareño, M. I. (2006). Optimismo/pesimismo disposicional y estrategias de afrontamiento del estrés. Psicothema18(1), 66-72.

Deja una respuesta