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Heridas de la infancia. El daño que no se ve.

Este artículo tiene la intención de conocer el daño emocional que algunas personas sufren en su infancia. En la etapa más temprana de la vida, algunos niños arrastrarán heridas emocionales, de esas que no se ven, pero que conllevan un gran sufrimiento. Las heridas hacen referencia a los daños emocionales continuados que se producen en la niñez y que pueden aparecer en la edad adulta en forma de malestar emocional. Tras acontecimientos traumáticos, el niño/a se disocia del dolor y bloquea los recuerdos para seguir adelante. Si no logramos sanar estas heridas internas acabarán por repercutir en nuestra vida ocasionando un dolor invisible.

Es por esto que, ya desde hace muchos años se ha tratado de investigar cómo nos afectan las heridas de la infancia en la edad adulta. Te invito a seguir leyendo para descubrir qué son, cómo se originan y qué podemos hacer para sanarlas.

Heridas: el origen.

Herida. Viene del griego «tráumatus« /traumatizar/. Dentro de la psicología, Freud utilizó este término incluyéndolo dentro del concepto de trauma, como «la impotencia del psiquismo para hacer frente a un cierto acontecimiento».

La familia es la primera escuela de la que aprendemos muchas de las experiencias que marcarán nuestro futuro. A través del vínculo con nuestros padres empezamos a sentir emociones positivas y negativas. Si crecemos en un ambiente donde la afectividad que recibimos es negativa y no recibimos el cariño que merecemos de nuestros padres, puede que crezcamos con la incapacidad de dar y recibir amor de forma adecuada.

Como dice Freud, las heridas emocionales aparecen de un acontecimiento doloroso que la persona no puede procesar.

Al no sanar la herida se afrontan e interpretan muchas situaciones a través de respuestas defensivas (miedo-inseguridad) para protegernos.

Las heridas más antiguas se remontan a menudo a la niñez sobre todo si la experiencia traumática compromete los primeros seis años de vida de la persona. Por lo general el daño se produce dentro del círculo familiar y luego en las relaciones interpersonales que la persona va construyendo.

Heridas de la infancia

Las heridas de la infancia tienen su origen en la primera etapa de la vida, la infancia es una fase muy delicada por la vulnerabilidad de los menores a las agresiones de otras personas. Por ello cuando se produce un daño en estas edades, muchas veces se queda sin resolver, pues los niños no tienen las herramientas para comprender lo que les ocurre. No será hasta que crezcan cuando volverán a sentir que el dolor de aquello que vivieron en su infancia les está repercutiendo en su vida actual.

Es verdad que depende del tipo de agresión, de la edad del niño, de quién cometió esos delitos, pero se ha demostrado como estos hechos afectan de forma particular en la vida de los más pequeños. Además, la herida es de mayor grado si el daño viene ocasionado por nuestra propia familia, donde se supone que estaremos a salvo.

Las heridas dejan una huella importante cuando se trata de situaciones continuadas. Es decir, cuando el daño se repite en el tiempo y hay un sufrimiento continuado en el menor. Una herida no sería una humillación puntual, ej., un insulto.

Necesidades emocionales: abandono y abuso.

Las heridas emocionales tienen en común que: se dan en la infancia, durante un período de tiempo continuado y surgen de un exceso/defecto de atención a las necesidades emocionales de los menores. Hasta ahora habíamos visto como el acontecimiento que da origen a la herida era de tipo abusivo, pero las heridas emocionales también ocurrir en un contexto no violento.

Las heridas pueden derivar de un exceso o defecto de las necesidades afectivas.

Serían heridas emocionales, tanto el maltrato a un menor, como la dependencia/protección excesiva.

Entonces, el origen de estas heridas se encuentra en la insatisfacción de las necesidades emocionales durante la infancia. Aunque no se lleguen a recordar los acontecimientos en concreto, la insatisfacción emocional es la base desde la que, cuando somos adultos, creamos relaciones con otras personas, resolvemos conflictos etc.

Todos los niños necesitan sentirse amados, seguros, valorados y protegidos por los adultos.

Las 5 heridas de la infancia

Estas experiencias emocionales dolorosas se han clasificado en cinco tipos (Lise Bourbeau):

1. Rechazo.

Este tipo de heridas se producen cuando un niño siente que no es aceptado o amado tal y como es (críticas constantes, falta de afecto o incluso a un trato despectivo). Puede provocar sentimientos de baja autoestima y dificultad para establecer relaciones saludables.

  • Un niño que crece en un entorno en el que sus logros son ignorados o minimizados puede desarrollar una baja autoestima y una sensación de no ser lo suficientemente bueno.

2. Abandono.

La herida de abandono se produce cuando un niño siente una pérdida emocional o física (separación, divorcio, falta de atención emocional o negligencia). Puede ocasionar sentimientos de abandono y problemas para confiar en los demás.

  • El divorcio o separación de los padres puede ocasionar una herida de abandono, si no se tienen en cuenta las necesidades emocionales del niño.

3. Humillación.

Este tipo de heridas se producen cuando un niño es ridiculizado, avergonzado o menospreciado (burlas, críticas, insultos). Puede derivar en una baja autoestima, sentimientos de vergüenza, inseguridad y dificultad para expresarse y dar su opinión.

  • Una herida de humillación se produciría en un niño que sufre acoso y es constantemente ridiculizado por sus compañeros en clase.

4. Traición.

Esta herida se produce cuando un niño siente que alguien en quien creía confiar lo traiciona de alguna manera. Sería una herida de traición cualquier suceso en los que se ha hecho una promesa y no se cumple o alguien a quien admiraba ha hecho algo que le origina un sentimiento de traición y ha perdido la confianza.

  • Cuando prometemos a un menor en numerosas ocasiones que lo llevaremos al cine o iremos a verle actuar en la función del colegio y después no vamos.

5. Injusticia.

La herida de injusticia ocasiona estos mismos sentimientos y la originan situaciones en las que el menor percibe que no está siendo correspondido por los demás, siente que se le ha tratado de manera injusta, diferente al resto y que no vale lo mismo que los demás. Puede provocar resentimiento, ira y una sensación de inferioridad en las relaciones.

  • Esta herida podría ocurrir en el caso de dos hermanos, en el que uno de ellos cree que a su hermano se le hace más caso o se le castiga menos.

Las heridas del abuso, el maltrato y la negligencia

Las heridas emocionales que provienen de situaciones de abuso, maltrato o negligencia pueden generar cicatrices más profundas que persisten en la edad adulta. Si quieres conocer cuáles son las secuelas del maltrato Niños supervivientes: Efectos psicológicos del maltrato te invito a que leas este post que escribí hace un tiempo.

Cuando la familia no satisface las necesidades de cariño y cuidado hacia sus hijos (heridas de negligencia) y hay experiencias de maltrato o abuso (herida de abuso y maltrato) las heridas que se desencadenan tienen distintas consecuencias psicológicas a largo plazo.

Las heridas emocionales del abuso, el maltrato y la negligencia son más profundas, teniendo más afectación en todas las áreas de los menores: desarrollo del autoconcepto, la autoestima, desregulación emocional, dificultades para identificar y expresar las emociones, y falta de empatía.

Conforme el niño crece con sus heridas emocionales sin sanar, se van generando diferentes estrategias compensatorias para lidiar con las dificultades:

  • Evitación. Los niños con apego evitativo terminan excluyéndose del mundo. El evitar socialmente a otros es una estrategia emocional que los niños emplean para evitar ser rechazados.
  • Coercitivas. Los niños que han desarrollado un apego ansioso-ambivalente muestran ansiedad cuando se separan de sus figuras de apego, temen ser abandonados. No confían en los demás y por eso utilizan estrategias coercitivas basadas en el uso de la agresividad, los celos y la posesividad para asegurarse su cuidado y protección.
  • Control-Complacencia. En estilo de apego desorganizado los niños tienen dos comportamientos diferentes ante la separación de su madre, a veces están tranquilos, pero en otras ocasiones se muestran ansioso. Estos niños crecen con miedo al rechazo, sin confianza en los demás y buscan poder controlar a otras personas, mediante la violencia o la complacencia.

¿Cómo nos afectan en la edad adulta?

Cuando las heridas están ligadas a acontecimientos de la historia personal y familiar, como sucede en los casos de abuso, maltrato y negligencia, el sufrimiento es elevado y puede derivar en pensamientos, emociones y conductas disfuncionales. La falta de experiencias positivas hace que cuando seamos adultos busquemos el placer implicándonos en conductas perjudiciales para reducir el malestar.

Las consecuencias de las heridas emocionales son: falta de autenticidad, dolor, sensación de vacío.

Algunas de las consecuencias de las heridas emocionales son:

  • Ausencia de autenticidad en las relaciones sociales (miedo al rechazo, al ridículo, sentimientos de no valía…).
  • Falta de relaciones sanas. Es el miedo al rechazo, al abandono, a la humillación… lo que nos aleja de los demás.
  • Nos impiden encontrarnos a nosotros mismos fuera de la explicación de la herida. Si no somos capaces de sanar, todo lo que nos ocurra estará teñido por esa herida que no nos permitirá encontrarnos a nosotros mismos nunca.

Sanar al niño interior

Para sanar las heridas de la infancia podemos seguir este proceso:

  • Reconocerla. En primer lugar, debemos reconocer la herida, y observar de qué están hechas, cómo nos duele, en qué situaciones, cuál es nuestro temor y cuál es el mecanismo compensatorio que empleamos para dejar de sufrir.
  • Aceptarse, aceptar, perdonar y pedir perdón. Por su puesto, requiere un trabajo de reconstrucción sobre cuáles han sido las consecuencias de vivir con la herida. Y saber perdonar y perdonarnos porque no somos nuestras heridas.
  • Identificar posibles soluciones. Ahora que sabes que has estado viviendo con una herida sin sanar, sabes qué es lo que te la activa y por qué. Son muchos años actuando de la misma forma, pero hay una alternativa que te permitirá seguir viviendo con la herida pero sin hacerla sangrar.
  • Reparar. No somos nuestras heridas. Háblate con cariño. Aprende a volver a quererte.

No es necesario sufrir para aprender, de hecho, el auténtico aprendizaje nos lo ofrece la verdadera felicidad.

Bibliografía

En los siguientes enlaces y artículos podéis seguir leyendo para obtener más información:

https://psicologiaymente.com/psicologia/heridas-de-la-infancia

Prigoff, A. (2000). La violencia y el trauma emocional. Trabajo Social, (2), 124-131.

Pacas, P. R., Drago, H. D. C., & Andrade, M. C. (2021). Una aproximación a la clasificación de heridas afectivas. Revista de Psicología11(1), 145-167.

Drago, H. D. C., Olaya, A. D. B., & Andrade, M. A. C. (2021). El trauma psicológico y las heridas afectivas: Una revisión sobre sus definiciones y abordajes para la clínica psicológica. Revista de Psicología11(2), 121-143.

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