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Los juegos: ¿A qué estamos jugando?

Los juegos son situaciones que se repiten con frecuencia en nuestra vida. Se producen siempre de un modo similar, como si estuvieran ensayados. Son formas de actuar que se aplican a cualquier ocasión que implique tomar una decisión, como guiones que nos permiten actuar de manera inmediata. Pero no son parte de nuestra personalidad o rasgos más característicos Qué es la personalidad. ¿Conoces la tuya? Sino que se trata de patrones disfuncionales que nos ocasionan malestar en nuestras relaciones personales.

Los juegos se aprenden a edades muy tempranas y dentro de la familia. Habitualmente se inician para controlar y obtener algo del ambiente. Puede que se aprendan por observar a los padres hacer lo mismo, o repitan otras conductas que en el pasado han tenido éxito. Pero como son juegos no es descabellado pensar que se aprenden desde la observación cuando son jugados por otras personas dentro de la familia. Habitualmente las personas repiten y utilizan los mismos roles dentro de la familia, repitiéndolos una y otra vez.

La idea de este concepto la propuso Eric Berne para su teoría de la personalidad y relaciones humanas llamada Análisis Transaccional. Los juegos tienen el objetivo de obtener algún tipo de premio o beneficio. Diríamos que la persona, de manera inconsciente, busca resolver necesidades del pasado relacionándose a través de estos juegos y adoptando distintos roles. Durante estos juegos repetitivos se refuerzan sentimientos e ideas negativas, y se ocultan los verdaderos sentimientos y pensamientos de la persona, ocasionando sufrimiento.

Este artículo ha sido enteramente escrito a partir del libro de Martorell, J. L. (1988) y podría considerarse un resumen del mismo.

Los juegos

Cuando somos pequeños y participamos en juegos sabemos que si ganamos obtendremos ciertos premios o beneficios. Además de divertirnos, el juego es la primera idea que tenemos sobre cómo son las relaciones en la edad adulta. Comenzamos probando diferentes juegos, cuando somos pequeños no hay más problema, pero de adultos, los juegos terminan por hacernos sentir mal de una u otra manera (incluso cuando ganamos terminamos con un sentimiento negativo subyacente).

Los juegos tienen sus reglas, los jugadores realizan sus jugadas de forma calculada y al final se obtiene el premio. También tienen el nombre de «transacciones ulteriores» ya que siempre hay algún motivo inconsciente oculto tras de ellos. El motivo tras los juegos no es consciente, porque cuando se interviene a sabiendas de querer conseguir algo se llama manipulación. Así es como se producen los juegos:

Formula de los juegos: Cebo (jugador A) Flaqueza (jugador B) = Respuesta (B) Cambio (ambos) Beneficio (ambos).

  • Cebo. Es el jugador que lanza el primer estimulo. Lleva algo oculto para enganchar a la otra persona.
  • Flaqueza. La parte débil que se engancha al juego del primero.
  • Respuesta. Acción o frase con la que la otra persona entra en juego.
  • Cambio. El primer jugador cambia de actitud y el segundo se siente confundido y cambia también.
  • Beneficio. Ambos ganan sentirse mal, junto con otros beneficios más profundos.

Tipos de juegos

No todos los juegos son iguales, varían en la intensidad y gravedad de sus consecuencias. Se pueden categorizar en tres tipos de grado:

  • Primer. No causan mucho daño a los jugadores. El malestar desaparece en poco tiempo. Y a los jugadores no les supone esfuerzo hablar sobre ello, son socialmente aceptados.
  • Segundo. Causa dolor a los jugadores. Y dejan huella durante un tiempo lo que provoca que se sigan repitiendo durante un tiempo. Se tiende a ocultar a los demás.
  • Tercer. Amenazan seriamente la estabilidad y la vida de las personas. Son juegos que terminan en divorcio, malos tratos, depresión, suicidio etc.

Los juegos tienden a ir subiendo en intensidad y derivar en juegos de tercer grado. En los más pequeños es normal que ocurran juegos de primer orden y al lograr romperlos podemos evitar: malestar del juego en sí, impedir que escale en intensidad y actuar para favorecer un futuro de relaciones satisfactorias.

Roles en los juegos

Hay tres papeles que interpretan los jugadores en su aspecto negativo:

  • Perseguidor. Necesita que le teman. Invita a sentir inferior.
  • Victima. Necesita que lo humillen. Invita a sentir culpa.
  • Salvador. Necesita que lo necesiten. Invita a sentirse inútil y agradecido a él.

Habitualmente se interpretan en triángulos dramáticos y los papeles que se interpretan son falsos Ej. El salvador en los juegos no es real. Un salvador real es una persona que rescata a otra. En general los roles se fuerzan para actuar y se cambian a lo largo de una situación. Ej. Un perseguidor puede terminar haciendo el papel de víctima. Conocer los roles de las personas permite conocer el sentido del juego para sus jugadores.

¿Dónde está la diferencia entre pasar un mal momento y estar jugando un juego?

Si algo que nos dejó mal una vez no se repite puede ser un mal momento, pero si se repite otra vez, tal vez sea casualidad, si sucede tres y aún no se piensa que es un juego, prepárate para repetirlo una cuarta, quinta y sexta vez.    

¿Por qué jugamos?

Las personas seguimos jugando a estos juegos porque no conocemos otra manera de relacionarnos con los demás y además obtenemos algún tipo de beneficio. Estos son algunos de los beneficios que deseamos obtener cuando jugamos:

  • Recibir caricias. Durante los juegos se reciben una gran cantidad de caricias de alta intensidad, y la mayoría son negativas. Las caricias son el primer reconocimiento que recibimos cuando nacemos, y según vamos creciendo el contacto físico es reemplazado por el social. Por eso es en nuestras relaciones donde aparecen los juegos, pues buscamos caricias y reconocimiento, aunque a veces lo hagamos de la manera incorrecta.
  • Estructurar el tiempo. Los juegos pueden verse como una forma de emplear el tiempo, nos dan la sensación de estar haciendo algo con nuestra vida y darle sentido.
  • Confirmar la posición de vida. Son las creencias que hemos adquirido desde que somos pequeños acerca de lo que pensamos de nosotros y los demás. Existen cuatro posiciones de vida: libertad (yo estoy bien y los demás también), superioridad (yo estoy bien y los otros están mal), inferioridad (yo estoy mal y los otros están bien), sin esperanza (yo estoy mal y los otros también están mal).
  • Establecer o mantener simbiosis. Se produce en relaciones en las que dos personas actúan como si fueran una sola. Puede ser complementaria (una persona se encarga de decir lo que el otro tiene que pensar, decir y sentir, y la otra persona de obedecer) o competitiva (ambos compiten por tener el poder de la relación y acaban persiguiéndose, o pelean queriendo que el otro se encargue de ellos).
  • Experimentar los sentimientos aprendidos. Todos tendemos a experimentar las emociones de una manera determinada: a expresar unas y a reprimir otras. Son emociones que aprendemos a experimentar porque las otras están prohibidas según nuestro aprendizaje. Ej. Enfadarse para no estar triste.
  • Evitar la intimidad. Los juegos también se utilizan para evitar momentos de intimidad con la pareja y otras personas. Cuando no podemos llegar a una relación en la que expresar nuestros sentimientos de manera genuina acabamos envolviéndonos en juegos para tapar nuestros sentimientos.

Juegos en pareja

Uno de los motivos que llevan a dos personas a unirse en pareja es la compatibilidad de juegos. Solemos elegir a personas con juegos y roles compatibles a los nuestros. Algunos juegos que más se ven en las parejas son:

  • Abrumada. Es una persona abrumada con sus tareas diarias y las exigencias de las demandas superan sus recursos. Es la pareja quien se muestra crítico con los fallos del otro o se le presenta como un salvador “si no puedes con todo, dilo”. Los hijos también pueden participar en el juego dando más cargas y castigando si no satisfacen sus necesidades.
  • Si no fuera por ti. Se trata de un juego en el que una persona se queja de las cosas que quiere y no puede o no ha podido hacer en la vida por culpa del otro. Quien restringe la actividad del otro es el perseguidor y el que dice “si no fuera por ti” es la víctima. El juego se sucede cambiándose los papeles, de víctima pasa a perseguidor: «si no fuera por ti hubiera estudiado una carrera», pero lo que sucede es que victimiza al otro cambiándose así los papeles. Si siempre hay alguien que le impide hacer lo que quiere le da la responsabilidad al otro de lo que no hace por su culpa. Este juego puede implicar a los hijos y terminar desarrollando en ellos un sentimiento de culpabilidad con graves consecuencias para su desarrollo personal.
  • Ausencia de deseo. Este es otro juego que sucede en las relaciones íntimas. Cuando una persona se acerca a la otra insistentemente y es rechazada, terminando por alejarse. Estas situaciones suelen necesitar un tratamiento especializado.
  • ¿No es verdad? Estas situaciones se dan delante de la gente, cuando se expresan características negativas de la otra persona añadiendo un ¿no es verdad? La otra persona hace lo mismo añadiendo otra característica negativa y añadiendo al final un ¿no es verdad?

Juegos entre hermanos

El sistema que se crea dentro de la familia con los hermanos es otro sistema diferente con otras peculiaridades. Cuando los niños juegan, están fantaseando y recreando situaciones que han visto y prueban de su eficacia a través de otros compañeros, amigos y hermanos. Estos son algunos juegos entre hermanos:

  • El mío es mejor que el tuyo. En todos los juegos subyace la intención de ganar. En este caso un hermano trata de quedar por encima del otro.
  • Tribunales. Normalmente los niños piden a los padres que les den la razón “El mío es más grande, mejor… ¿a qué si mamá?” Depende de la respuesta de los progenitores habrá juego o no. Si los padres entran a juicio y confirman su posición estarán entrando en su juego.
  • Pata de palo. Es una persona que alega carencias reales o imaginarias que le impiden hacer algo. De esta manera no asume las consecuencias de sus actos y provoca sutilmente a los otros jugadores que acuden a salvarlo o a perseguirlo. Este juego puede instaurarse y terminar por influir en la forma de actuar de la persona y evitar hacer cosas o manipular a los demás para que las hagan por él.

Juegos entre padres e hijos

Los juegos acaban involucrando a todos los miembros de una familia y a veces es difícil saber qué papel interpretan y en que juegos se involucran. Estos son algunos de los juegos que se crean entre padres e hijos:

  • Rincón. En este caso los padres uno otro o ambos arrinconan a su hijo: todo lo que hace el pequeño está mal. Estos mensajes contradictorios son perjudiciales para los hijos, el adulto tiene armas para no dejarse arrinconar, pero el pequeño no.
  • Alboroto. Es frecuente con adolescentes, cuando las peleas en casa son constantes y se producen como un juego para no razonar ni reflexionar sobre los verdaderos problemas y evitar así la intimidad.
  • Lo siento. El plan es hacer cosas mal y querer ser perdonado por ello. Algo relacionado ocurre cuando los hijos obtienen más atención de sus padres cuando suspenden. Al no recibir atención con los aspectos positivos (aprobar), los hijos aprenden a jugar para recibir atención de otro modo (suspendiendo).
  • Peleen los dos. Consiste en hacer que dos personas se peleen para obtener algo sin mancharse.

Dejar de jugar

Es precisamente el hecho de que los juegos son algo aprendido lo que abre las puertas a la posibilidad de poder romper los juegos y dejar de jugar. Cuando hablamos de parar de jugar hacemos referencia a disminuir su intensidad y la gravedad de sus consecuencias. Aprendiendo a incorporar nuevos modos de comportarse y abandonar los antiguos. Durante toda nuestra vida vamos a recibir invitaciones para entrar en juegos. Pero podemos aprender a identificarlos y rechazar nuestra participación. Abandonar los juegos es necesario para ganar en intimidad con el resto de las personas y tener relaciones libres y autónomas.

Los juegos son un sucedáneo nocivo de la intimidad, nos permiten recibir caricias y ocupar nuestro tiempo, al mismo tiempo que evita la intimidad.

Pero abandonar los juegos no implica que se vayan a adoptar modos nuevos y libres de relacionarse. Para romper los juegos, debemos aprender alternativas para hacer las cosas de otra manera. La naturaleza de los juegos es inconsciente y oculta al verdadero jugador la intención desde la que está actuando. Habitualmente culpamos a otros de lo que nos pasa y creemos en nuestras buenas razones para seguir actuando así. Tenemos cuatro alternativas para romper con los juegos:

  • Descubrir. Podemos decidir mostrarle al jugador que notamos que está intentando engancharnos en su juego. Aunque pocas veces suele salir bien porque lo que nos encontramos es con un nuevo juego en el que perseguimos al otro.
  • Seguir. Si seguimos el juego y nos hacemos pasar por un jugador más, fingiremos nuestro papel desde una distancia prudente. De esta manera no nos atrapará y sabremos cómo actuar sin que el juego nos ocasione sentimientos negativos.
  • Ignorar. Consiste en no aceptar la invitación y cambiar a otro tema con el que invertir el tiempo. En el transcurso se producirán intercambios de caricias positivas por lo que es probable que el intento de atraparnos en el juego se desvanezca.
  • Confrontar.  Se trata de descubrir el juego, pero no de manera explícita sino a través del humor o de la ironía. Es necesario un yo niño natural dispuesto a querer jugar y estar dispuesto a la intimidad. Hay padres que tienen un yo niño natural muy presente y son capaces de relacionarse con sus hijos así. Esta es un arma muy poderosa para cortar los juegos e intercambiar muchas caricias positivas.

Para cortar con los juegos necesitamos un intercambio de caricias positivas que termine por hacer innecesarias las caricias negativas que nos proporciona el juego.

Existe miedo a veces de abandonar nuestros juegos porque creemos que dejaremos de ser quienes somos y perderemos nuestra identidad. Pero podemos aprovechar nuestros roles en los juegos para sacar a relucir nuestro estado verdadero. Ej. Una persona con rol de víctima, puede pasar a ser una persona que, en lugar de lamentarse por su vida, se transforme en una piedra firme en la que se puede confiar. Este sería su estado más óptimo para combatir su sensación de inferioridad.

Ningún juego es más fuerte que la persona que se propone abandonarlo.

Bibliografía

Martorell, J. L. (1988). ¿ Qué nos pasa una y otra vez? Análisis Transaccional en familia. Madrid, PPC.

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