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Madurez: crecimiento y desarrollo

La madurez es la capacidad de vivir potenciando nuestro bienestar en un mundo cambiante. Se refiere a la capacidad que tenemos para adaptarnos a todas las circunstancias vitales. Es aprender a vivir en cada momento de nuestra vida. Ante todo se trata de darle importancia a cada momento, como una oportunidad de aprendizaje de la que debemos disfrutar. Aunque lo más importante es que: madurar no es cuestión de edad.

¿Qué es la madurez?

Los aprendizajes vitales son fundamentales. Y se deben aprender para gestionar la vida desde una personalidad madura. Estos aprendizajes son: individuales, se mantienen a lo largo de la vida y requieren un ejercicio diario. Según Allport la persona que quiere madurar debe cumplir estos criterios:

  • Extensión del sentido de sí mismo. La vida no termia en nuestros intereses, motivaciones u objetivos. Fuera de nosotros hay otra vida. Por lo que hay que ir descubriendo, que propiciar cambios positivos a nuestro alrededor, también nos beneficia.
  • Relación emocional con otras personas. Cuanto mas madura es una persona, más capacidad tiene de ponerse en la posición de los demás. Es más empático y puede entender cualquier sentimiento y forma de vida.
  • Seguridad emocional. Es aprender a vivir con uno mismo. Sentirse seguro y con capacidad de dominar el entorno.
  • Percepción realista, aptitudes y tareas. Se trata de ver las cosas de la vida tal cual son. Ver los objetos, las personas y las situaciones de forma realista. Aunque también implica ver los errores y aprender de ellos. Y ser efectivo resolviendo problemas.
  • Conocimiento de sí mismo y sentido del humor (autoobjetivación). Es poder compararnos con otros sin dañarnos. Siendo capaces de ser críticos con nosotros mismos descubriendo y aceptándonos como somos realmente.
  • Filosofía unificadora de la vida. Se trata de tener una dirección marcada y enfocada al exterior. Las personas que tienen unos valores y viven de acuerdo a ellos tienen una vida más coherente.

Criterios de madurez

Una persona que ha alcanzado la madurez cumple una serie de criterios como estos:

  • Se comporta de modo relativamente estable y consistente. Aunque también es flexible y es capaz de adaptarse al cambio.
  • Trasforma la actividad biológica en actividad controlada. Su energía va dirigida a una meta o propósito, no es una energía descontrolada.
  • Es diferente de otras personas. Se diferencia como resultado de sus experiencias a través de los años. El proceso de diferenciación termina por individualizarlo como una persona única e irrepetible.
  • Se adapta a la vez que actúa para adaptarlas a sus propias necesidades.
  • Reacciona para defender su libertad si se ve amenazada.
  • Ve de la necesidad una oportunidad para crecer. Y se guía por una jerarquía de necesidades que va acorde con su filosofía de vida.
  • Trata de planear ciertas cosas de su vida en secuencias ordenadas. Para conseguir sus metas y dotar su vida de significado.
  • Afrontan acontecimientos adversos y situaciones complejas.
  • Son capaces de cuidar de si mismos. Gestionar su propia experiencia para sentirse satisfechos.

¿Cuál es el momento de madurar?

Cada edad de la vida tiene unos aprendizajes personales y únicos de adaptación al contexto. Es necesario, ser capaz de afrontar situaciones conocidas y nuevas de una forma determinada. Y es que cada etapa conlleva tareas que son necesarias para seguir el proceso evolutivo normal de cada persona.

La madurez es un estado emocional y mental. En definitiva, una cualidad imprescindible en cada momento. Que hace que el mundo emocional motivacional y cognitivo de las personas sea adaptativo y satisfactorio. En cada edad se requiere:

  • Aprendizajes personales y únicos de adaptación al contexto.
  • Capacidad de afrontar situaciones conocidas y nuevas.
  • Superar nuevas tareas necesarias para seguir el proceso evolutivo normal.
  • Acumular experiencias vitales que son fuente de sabiduría.
  • Motivación para lograr el crecimiento personal.

Efectos positivos de la madurez

La madurez psicológica tiene efectos beneficiosos sobre las emociones positivas y la salud.

  • Favorece la atracción, la simpatía y el apego de los demás. Facilitan las relaciones sociales.
  • Recuperar mejor recuerdos positivos. Al tener más recuerdos bonitos, están rodeados de elementos más positivos en su vida.
  • Amplían el campo visual y el foco atencional. Tienen más capacidad para ver y atender a más elementos.
  • Generan un pensamiento más flexible y creativo.
  • Favorecen la búsqueda de información.
  • Generan más repertorios de conducta.
  • Favorecen el cambio constructivo.
  • El juicio hacia los demás y hacia uno mismo es más indulgente.
  • Conductas altruistas.
  • Resistencia ante las adversidades.
  • Contrarrestan los estados afectivos negativos.

¿Cuándo maduramos?

Convertirse en adulto exige completar de manera exitosa una serie de tareas en el desarrollo. Son tareas que surgen en ciertos periodos dentro de la vida del sujeto y que de su cumplimiento se obtiene felicidad y éxito. Y cuyo fracaso produce infelicidad, desaprobación de la sociedad y la dificultad para cumplir tareas posteriores. A continuación se muestran los cambios madurativos propuestos por Erikson:

  • Confianza vs. Desconfianza (desde el nacimiento hasta el año y medio). Se adquiere un sentido sobre si el mundo es un lugar bueno y seguro. Para empezar, los bebés deben aprender a confiar en otros para que atiendan sus necesidades básicas. De tal forma que, si los cuidadores muestran rechazo o incongruencia, el bebe puede percibir al mundo como un lugar peligroso lleno de personas que no son de fiar. Así es como se aprende la virtud de la esperanza.
  • Autonomía vs. Vergüenza y duda (entre el primer año y los 3 años). Se alcanza un equilibrio de independencia sobre la vergüenza-duda. Los niños deben aprender a ser autónomos: alimentarse, vestirse solos etc. El fracaso en el logro de esta independencia puede forzar al niño a dudar de sus propias capacidades y a sentirse avergonzado. Se aprende la virtud de la fuerza de voluntad.
  • Iniciativa Vs. culpa (entre los 3 y los 6 años). En esta etapa los niños tratan de tener la iniciativa. Suelen empezar a ensayar nuevas actividades, pero lo puede abrumar la culpa. Porque al intentar actuar como adultos, los niños asumen responsabilidades que están más allá de su capacidad. En ocasiones se llevan a cabo actividades que entran en conflicto con las de los padres u otros miembros de la familia. Lo que puede hacerles sentirse culpables. La resolución exitosa de esta crisis requiere un punto de equilibrio: el niño debe conservar una sensación de iniciativa y aprender a no chocar con los derechos o metas de otros. Se aprende la virtud del propósito.
  • Laboriosidad vs. Inferioridad (entre los 6 y los 12 años). Se aprenden habilidades culturales o se enfrentan sentimientos de incompetencia. Los niños deben dominar habilidades sociales y académicas importantes. Este es un periodo en el que el niño se compara con sus compañeros. Si son lo bastante laboriosos, los niños adquieren las habilidades sociales y académicas para sentirse seguros de si mismos. El fracaso de estos atributos conduce a sentimientos de inferioridad. Se aprende la virtud de la capacidad.
  • Identidad Vs. Confusión de rol (entre los 12 y los 20 años). Se define el sentido del yo o se experimenta confusión. Supone el corte entre la infancia y la madurez. El adolescente intenta contestar a la pregunta ¿Quién soy?. Los adolescentes deben establecer identidades sociales y ocupacionales básicas o permanecerán confusos acerca de los roles que desempeñarán como adultos. Se aprende la virtud de la fidelidad.
  • Intimidad Vs. Aislamiento (entre los 20 y los 40 años). Trata de comprometerse con los demás, y si no se consigue sufre aislamiento. La tarea primordial en esta etapa es formar amistades fuertes y lograr un sentido de amor y compañerismo, o identidad compartida con otra persona. Es probable que experimente sentimientos de soledad o de aislamiento como resultado de una incapacidad para formar amistades o una relación intima. Se aprende la virtud del amor.
  • Generatividad Vs. Estancamiento (entre los 45 y los 65 años). Se preocupa por establecer y guiar a la nueva generación o experimenta empobrecimiento personal. En esta etapa los adultos enfrentan las tareas para incrementar su productividad en su trabajo, educar a sus familias y ocuparse de las necesidades de los más jóvenes. Aquellos que no son capaces o no están dispuestos a asumir estas responsabilidades se estancan o caen en el egocentrismo. Se aprende la virtud del cuidado de otros.
  • Integridad Vs. Desesperación (a partir de los 65 años). Para terminar, puede aceptar su propia vida y admitir la muerte o acabará por desesperarse ante la imposibilidad de volver a vivir la vida. El adulto mira la vida con retrospectiva. Y es por eso, que la puede ver como una experiencia significativa, productiva y feliz. O al contrario, como una decepción llena de promesas sin cumplir y metas sin realizar. Las experiencias propias y sociales determinan el resultado de esta crisis final de la vida. Se aprende la virtud de la sabiduría.

Crisis de la madurez

A medida que vamos creciendo y superando con éxito los retos y cambios de cada etapa de la madurez debemos encontrar un nuevo significado a la vida. Cuando se llega a la mediana edad es muy común encontrar crisis vitales. Es entonces cuando: Los hijos abandonan el nido, se producen responsabilidades filiales (de los hijos hacia sus padres), se observan grandes cambios físicos, puede haber insatisfacción laboral y cada vez surgen más responsabilidades y cargas económicas.

El abandono de los hijos del nido provoca que los padres dispongan de más tiempo libre y más libertad e independencia. La mediana edad trae un cambio del foco de las actividades sociales. Es el momento para disfrutar de nuevo del tiempo libre con amigos o para hacer actividades.

Una meta de la edad madura es encontrar un nuevo significado a la vida. Este puede se un periodo de introspección en el que se examinen los sentimientos, actitudes y valores y metas propios. Existe la necesidad de volver a definir la propia identidad y de responder a preguntas como ¿Quién soy? Estos años pueden ser un tiempo de rejuvenecimiento del yo y de enriquecimiento de la propia vida.

La madurez es aprender a querer lo bonito, extrañar en silencio, recordar sin rencores y olvidar despacito.

Frida Kahlo

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Marta

    Una exposición muy completa, me gusta la síntesis poética con la que termina el artículo. Me parece muy importante y necesario el poder compararnos con los demás sin dañarnos, y poder tener una referencia de cada etapa de desarrollo para poder situarnos en cada una de ellas.

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