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Niños supervivientes: Efectos psicológicos del maltrato

Los niños supervivientes son aquellos que han sobrevivido a una situación violenta que ponía en peligro su supervivencia. Estos niños tienen algunos rasgos definitorios por haber crecido en un ambiente hostil. Criarse entre la violencia tiene numerosas consecuencias tanto físicas como mentales. Impide un desarrollo adecuado y elimina por completo la infancia de estos niños. Muchos de ellos son institucionalizados y se crían bajo la tutela del Estado. Haber superado el conflicto les convierte en niños vulnerables a sufrir por otros problemas cuando se hacen mayores.

La violencia de la que han escapado puede ser la física, trato negligente, abuso sexual, consumos, pobreza extrema etc. En todo el mundo existen niños con características similares, nacidos en un ambiente poco adecuado para ellos. Estas son algunas de las características y efectos psicológicos del maltrato en niños víctimas de la violencia intrafamiliar.

Niños supervivientes

Cuando hablamos de niños supervivientes, nos referimos a menores que han sido víctimas de maltrato. Podemos referirnos a ellos como víctimas, pero la palabra “superviviente” devuelve algo de control a los niños y los sitúa como agentes de sus propias vidas. Haber sufrido por la violencia y vivir escenarios traumáticos no debe condicionar toda una vida. Además elimina perjuicios y encamina a estos niños por el lado de la acción y la superación, en vez de en el lugar de la victimización. Ya bastante se les complica la vida a estos pequeños.

Unido a esto, se ha demostrado que a pesar de lo que podamos pensar, la mayoría de menores expuestos a una situación traumática no termina desarrollando Trastorno por estrés postraumático. Aunque la mayoría de niños/as suele cumplir criterios para otros muchos diagnósticos como por ejemplo: Trastorno de Ansiedad por Separación, Trastorno Negativista Desafiante Problemas de conducta en la infancia, TDAH Déficit de atención con hiperactividad en niños, Depresión, sintomatología subclínica diversa o alteraciones emocionales y conductuales. Además de tener dificultades en las relaciones interpersonales, una capacidad deteriorada para regular las emociones de estrés y un importante obstáculo para el desarrollo de la capacidad metacognitiva y de mentalización.

Tipos de niño superviviente

Hay muchos factores que pueden determinar las consecuencias que tendrá el maltrato sobre el pequeño. Se han identificado dos tipos de niño superviviente, que se diferencian en la forma de reaccionar ante el conflicto familiar. Las relaciones que establece el menor con sus padres son muy diversas. Pero a pesar de las conductas abusivas y de rechazo extremo el niño/a prefiere la proximidad del cuidador. Lejos de intentar huir del maltrato, el menor busca protección e intenta evitar el miedo que le supondría el hecho de no tener una figura de apego. Así pues, desarrolla dos estilos de comportamiento para sobrevivir ante el conflicto y el cuidado inadecuado:

  • Controlante. El niño/a tiende a mantener coercitivamente la atención del cuidador principal a través de conductas negativas (de crítica, de amenazas competitivas y de oposición). Este estilo de relación dará lugar a problemas de conducta externalizantes (Ej. violencia física, agresiones, delincuencia etc.)
  • Cuidador. El niño muestra conductas consoladoras y protectoras hacia el progenitor. Algunos adultos se sienten mal tras ejercer la violencia o el abuso y piden perdón a sus hijos. Esta actitud de consuelo suele ser apreciada fuera del contexto familiar. Y puede ser difícil de detectar como fruto del maltrato familiar. Este estilo de comportamiento puede determinar el desarrollo de problemas internalizantes como: depresión, ansiedad, ansiedad social, enfermedades psicosomáticas y un sentido elevado de responsabilidad y rigidez mental.

Violencia intrafamiliar

La familia es insustituible para el adecuado desarrollo infantil, según la mayoría de las teorías psicológicas y sociológicas. El problema surge cuando la familia deja de cumplir sus funciones y se convierte en perjudicial para el niño.

El termino de violencia familiar alude todas las formas de abuso que tiene lugar en la relación de los miembros de una familia, ocasionando daño físico o psicológico a otro miembro. Dentro de la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil es una de sus formas más notorias y frecuentes. En la mayoría de casos, los niños son observadores de agresiones dentro del hogar, sobre todo entre sus padres. Así aprenden que las faltas de respeto y los golpes son medios válidos para eliminar diferencias. De todas las formas de maltrato a menores, el daño emocional es el elemento que queda más gravemente afectado.

Los eventos traumáticos que se producen en el contexto familiar son de naturaleza interpersonal. Y se caracterizan porque el estresor aparece en el contexto de relaciones de apego entre padres e hijos. Es decir, hace referencia a todas aquellas situaciones de violencia y negligencia a las que un menor se ve expuesto en el contexto de sus cuidados primarios básicos (por ej., maltrato físico y emocional, abuso sexual, negligencia, abandono o ser testigo directo de violencia entre los padres).

Significado de la violencia para los niños

Los niños aprenden a definirse a sí mismos, a entender el mundo y cómo relacionarse con él a partir de lo que observan en su entorno más próximo. Por esta razón, quienes nacen rodeados de violencia terminan dándole un significado dentro de su propia vida.

Por otra parte, los niños tratan de dar significado a la violencia que sucede a su alrededor. Y toman como ejemplo los estilos parentales para resolver conflictos. Los niños aprenden a anticipar y a evitar las conductas de rechazo. Al evitar y estar alerta ante la violencia suelen tener problemas de relación y comunicación en todas las áreas de su vida. Así el modelo de violencia determina su forma de resolver conflictos y de relacionarse con sus iguales.

Como han aprendido a resolver los problemas de manera violenta, tienen una alta probabilidad de no ser aceptados entre sus compañeros. Este déficit de comunicación interpersonal tiene un elevado riesgo de aislamiento social e incluso de relacionarse con grupos de iguales desviados o agresivos. Por último, la repetición de estos patrones se generaliza y se aplica en todas las relaciones personales, familiares y de pareja en la edad adulta.

Efectos del maltrato en el desarrollo

Las experiencias repetidas de maltrato durante la infancia generan efectos psicológicos en todas las funciones del niño/a en desarrollo. Ocasiona alteraciones en el desarrollo de las estructuras cerebrales fundamentales. Siendo las consecuencias principales, la presencia de déficits en el funcionamiento cognitivo y dificultades en la autorregulación afectiva y conductual. Y un riesgo añadido para desarrollar problemas académicos y múltiples psicopatologías.

  • Biología. Problemas del desarrollo sensoriomotriz, analgesia, problemas de coordinación, balance y tono corporal, somatización e incremento de problemas médicos (asma, problemas en la piel etc.).
  • Apego. Problemas con los límites, desconfianza y suspicacia, aislamiento, dificultades interpersonales, dificultad para sintonizar con los estados emocionales de otros, dificultad para tomar perspectiva de otros.
  • Autoconcepto. Falta de sentido de sí mismo continuo y predecible, pobre sentido de individualidad, alteraciones en la imagen corporal, baja autoestima, culpa y vergüenza.
  • Cognición. Dificultades en la regulación de la atención y funciones ejecutivas, falta de atención sostenida, problemas para procesar información novedosa, problemas para completar tareas, dificultad para planear y anticipar, problemas para entender la responsabilidad, dificultades de aprendizaje, para el desarrollo del lenguaje y problemas orientación en tiempo y espacio.
  • Emociones. Dificultad en la regulación de las emociones, para expresar o reconocer sentimientos y para comunicar deseos y necesidades.
  • Disociación. Alteración en estados de conciencia, amnesia, despersonalización/desrealización, dos o más estados de consciencia y afectación en la memoria basada en estados internos.
  • Control de la conducta. Pobre control de impulsos, agresiones hacia otros, conducta autodestructiva, abuso de sustancias, alteraciones de sueño, recreación del trauma etc.
  • Psicopatología. En estudios comunitarios se ha encontrado que la gran mayoría (80%) de quienes sobreviven al maltrato infantil no muestran psicopatología medible.
  • Otros como: dificultades escolares (bajo rendimiento, inasistencia, problemas disciplinarios, dificultades para completar el grado/ciclo, conflictos con el personal, trastornos de aprendizaje y dificultades intelectuales), familiares (conflictividad, evitación/pasividad, fuga, desapego y búsqueda de sustitutos, intentos de dañar física o emocionalmente a miembros de la familia etc.), con el grupo de pares (aislamiento, conflicto físico o emocional persistente, involucración en violencia o actos delictivos), legales (arrestos/reincidencia, detención, condenas, cárcel, violación de libertad condicional etc.), salud (enfermedad física o problemas que no pueden ser explicados por heridas físicas incluyendo todos los sistemas), y vocacionales (desinterés en el trabajo/vocación, incapacidad para obtener/mantener empleos, conflicto persistente con compañeros de trabajo o supervisores).

Consecuencias psicológicas de la violencia en los menores

Los efectos producidos por la experimentación de un acontecimiento traumático de forma crónica son muy profundos. Y llevan asociados la afectación de los significados cruciales de la vida de una persona. Algunos de los significados que resultan minados por esta experiencia son: sentimientos de merecimiento, la creencia de ser querido y atendido o la percepción de control sobre los acontecimientos y la vida en general.

Los niños que observan la violencia en casa desarrollan una gran inseguridad y confusión. Que se refleja en las siguientes deficiencias: aislamiento social, cambios repentinos de amistades, cambios en los hábitos alimenticios y en los patrones de sueño. Incluso quienes son maltratados físicamente se vuelven más agresivos, son propensos a presentar déficits para entablar y mantener relaciones sociales, amistades y para cumplir con las labores de la escuela.

Además, los menores que crecen dentro de un entorno violento aprenden que la violencia es algo normal en las relaciones de adultos. Y a medida que van madurando incluyen el maltrato en el desarrollo de su personalidad, interiorizando el rol de agresor. Cuando son adultos tienden a ser agresivos con sus hijos. Esto se denomina transmisión intergeneracional de la violencia, la violencia se aprende por observación de padres a hijos.

Con respecto a los afectos psicológicos, el maltrato y la violencia incrementan el riesgo de iniciarse en consumos a muy temprana edad. En casos muy severos pueden acabar desarrollando trastorno de estrés postraumático y en casos extremos la víctima puede desarrollar un trastorno disociativo como la personalidad múltiple.

Los gritos no educan: ensordecen el corazón, bloquean el pensamiento, destruyen el respeto y te vuelven violento.

Trastorno traumático del desarrollo

El Trastorno Traumático del Desarrollo es una nueva categoría diagnóstica para recoger, específicamente, las afectaciones de los niños, niñas y adolescentes expuestos a la violencia por parte de sus cuidadores durante todo el desarrollo. Es un problema generalizado y múltiple, que resulta difícil de diagnosticar, pues tienden a abarcar toda su trayectoria de desarrollo.

Como ya hemos dicho, el inicio del trauma a edades tempranas puede afectar a todas las áreas de funcionamiento. Los síntomas se recogen muy bien en el Diagnóstico de Trastorno Traumático del Desarrollo:

  • Exposición. El menor ha experimentado o ha sido testigo de múltiples o prolongados eventos adversos durante al menos un año. Durante la cual han sido testigos de episodios severos y repetidos de violencia interpersonal. Y han sufrido alteraciones en sus cuidados básicos, ya sea por la ausencia del cuidador o por exposición directa de un abuso emocional severo.
  • Desregulación afectiva y fisiológica. Exhibe deterioro en la regulación de la activación: incapacidad de modular o recuperarse de estados afectivos extremos (rabietas extremas), perturbaciones en la regulación del sueño o la alimentación, conciencia disminuida y disociación de sensaciones, emociones o estados corporales, así como una dificultad en la descripción de emociones y estados corporales.
  • Desregulación atencional y conductual. Se produce deterioro en competencias atencionales, aprendizaje o afrontamiento al estrés. Incluyen al menos tres de estos elementos: preocupación por la amenaza o la dificultad para percibirla (se interpretan mal las señales de seguridad/peligro), deterioro de la capacidad de auto-protección (conductas de riesgo o búsqueda de emociones intensas), intentos desajustados de autocalma (balanceos, consumo de sustancias, masturbación descontrolada etc.), autolesiones habituales o reactivas a alguna situación (pellizcarse, quemarse, golpearse etc.) e incapacidad para iniciar/mantener una conducta dirigida a un objetivo.
  • Desregulación del self (sí mismo) y relacional. Deterioro en competencias relacionadas con la identidad personal. Involucra al menos tres de estas acciones: preocupación por la seguridad del cuidador o poca tolerancia en el rencuentro con estos pasado un tiempo, persistente concepto negativo de uno mismo (odio, impotencia, sentimientos de falta de valía etc.), reactividad física o agresión verbal hacia cuidadores y/o otros adultos e intentos inapropiados de tener contactos íntimos o excesiva dependencia y falta de empatía.

Apego Desorganizado

El modelo de Apego Desorganizado se ha relacionado con diferentes formas de maltrato infantil, físico o emocional, dentro del sistema familiar. Se considera que el maltrato en la infancia es un factor de riesgo para el desarrollo de patologías relacionadas con trauma y disociación.

Cuando nacemos, cada uno de nosotros buscamos el cuidado y el confort que nos proporcionan nuestros cuidadores principales. El estilo de relaciones que se establezcan durante los primeros años será determinante para nuestra vida adulta. Las respuestas que reciben los niños con apego desorganizado se basan en el conflicto y la activación de sistemas de defensa. El cuidador principal representa de forma simultánea, para el niño/a, dos elementos contradictorios: peligro y protección. El pequeño/a siente el miedo, al no poder encontrar consuelo. Por esta razón el comportamiento del menor se desorganiza. En el Modelo de Apego Desorganizado el menor está disociado respecto a sus elementos de:

  • Sí mismo. Representado al mismo tiempo como: necesitado de cuidado, receptor de cuidado y amenazado.
  • El otro. Representado simultáneamente como: dispuesto a ofrecer cuidados, incapaz de ofrecer cuidado, violento, asustado e impotente.

El pequeño mundo de la niñez con su entorno familiar es un modelo del mundo. Cuanto más intensamente le forma el carácter la familia, el niño se adaptará mejor al mundo.

Carl Gustav Jung

Ayudar a reparar el daño

Ayudar a reparar el daño hecho por sólo unos pocos meses de negligencia, puede tomar muchos años de trabajo. La primera parte de la recuperación es cuidar la seguridad y bienestar del niño. En ocasiones hay que separar al pequeño de su familia, pero trasladarlo a un ambiente extraño conlleva riesgos de tipo emocional. De todas las maneras debemos procurar otorgarles un entorno seguro, con experiencias de apego que sean positivas ya sea en la familia o por separado.

Las principales tareas para reparar el daño en los menores se centra en la recuperación en función de tres áreas:

  • Emocional. Es importante ofrecer al niño la posibilidad de ser escuchado y de hablar sobre sus sentimientos. Así pueden desahogarse y liberar toda la angustia reprimida. Se trata de normalizar sus emociones y ofrecerle una explicación adecuada sobre lo sucedido. Los niños a menudo no entienden lo que está sucediendo, y se sienten asustados, ansiosos, culpables inseguros y preocupados por el futuro. Por todo ello es importante validar y reparar emociones.
  • Cognitivo. Resulta de suma importancia el abordaje y reestructuración de aquellos valores y creencias asociados a la violencia. Esto debe ser principal para poder eliminar de su repertorio comportamientos violentos.
  • Conductual. La pérdida de seguridad y la percepción de falta de control sobre su vida, son dos factores que frecuentemente obstaculizan la adecuada recuperación del niño/a. En muchos casos, los niños se han visto obligados a huir de su hogar o residir por tiempo indeterminado en un centro de acogida. En este contexto, resulta beneficioso para el menor la creación de rutinas y ambientes estables, así como su participación en actividades que puedan proporcionarle algún sentido de control.

Es imprescindible dotar a estos pequeños de atención integral de calidad para conseguir una recuperación plena y sin secuelas. Todas las experiencias positivas que se puedan crear van a actuar como factores protectores y nos van a ayudar a contrarrestar las experiencias negativas. La presencia de relaciones y vínculos afectivos positivos proporcionan un nivel alto de protección contra los factores de riesgo. Las personas que trabajan para reparar el daño de estos menores favorecen el establecimiento de un apego sano y modificar modelos de conducta negativos. Así como generar hábitos y rutinas saludables, y un entorno seguro en el que puedan compartir experiencias y memorias traumáticas.

Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien, éste solo es temporal, el mal que causa es permanente.

Mahatma Gandhi.

Bibliografía

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