En este momento estás viendo Qué es la personalidad. ¿Conoces la tuya?

Qué es la personalidad. ¿Conoces la tuya?

La personalidad se puede definir como la estructura dinámica que tiene un individuo, esta estructura se compone de características psicológicas, conductuales, emocionales y sociales. Y estas características se desarrollan a partir de la interacción de elementos ambientales y biológicos.

También es conocida como temperamento (características heredadas de los padres) o carácter (está más influenciado por el medio). La personalidad es lo que hace que todos/as seamos diferentes unos de otros. No hay personas con mucha o poca personalidad. La personalidad es la que es. La palabra personalidad proviene del latín «personare» y del griego «prosopone» y hace referencia a las máscaras que se utilizaban los actores en el teatro. Al fin y al cabo la personalidad es el papel que desempeñamos en nuestra vida diaria. Nuestra personalidad son elementos internos, es como nuestro DNI: un elemento distintivo y propio. Pero también es lo que somos cuando estamos con otras personas. No es estanca y evoluciona a lo largo de los años.

Todos partimos de una personalidad concreta, pero la modificamos en función de las necesidades. Las personas buscamos adaptarnos y nuestra percepción del entorno estará guiada por esas características personales únicas.

La personalidad es caleidoscópica. Ni sólo soy la que soy con mi padre, ni sólo soy la que soy con mis amigos, soy todo.

S. Minuchin

Concepto de la personalidad

El concepto de la personalidad puede explicarse desde diversos marcos teóricos. Pero si algo trata, es averiguar las características que definen a una persona y las diferencias individuales de cada uno/a. Para conocernos a nosotros mismos debemos analizarnos desde siete conceptos elementales:

  • Percepción de la realidad corporal. Es el primer aspecto que se desarrolla. Se fundamenta en las sensaciones corporales y el contacto con el exterior.
  • Identidad. Es el desarrollo de uno mismo a pesar de los cambios durante la vida.
  • Autoestima. Es la percepción activa de uno mismo. Necesaria para cambiar el medio.
  • Extensión del yo. Se va completando con los intereses del individuo.
  • Imagen de sí mismo. Se evalúa a partir de las valoraciones que hacen los demás sobre nosotros.
  • Racionalidad. Es la madurez que se tiene cuando somos capaces de resolver problemas y pensar soluciones.
  • El sí mismo intencional. La última dimensión de nosotros mismos que nos sirve para fijarnos objetivos y cumplir retos.

Cada uno de estos son puntos de vista de nosotros mismos desde diferentes aspectos de la personalidad. Son todos estos elementos los que conforman la percepción que tenemos sobre quienes somos.

Puntos de vista de nosotros mismos: los yoes

La percepción que uno tiene de sí mismo está formada por todos los yoes posibles que una persona puede crear. Y además se debe sumar la visión de esos yoes desde nuestro punto de vista, pero también desde el punto de vista de los demás. Así pues existen cinco yoes que combinados con el punto de vista propio y el de los demás, hacen una predicción muy detallada sobre todos los componentes de uno mismo. Estos son los cinco yoes:

  • Real. «tal como soy». Es nuestro autoconcepto. La percepción que tenemos (o tienen otras personas acerca nuestra) sobre nosotros y consideramos propias de nuestra personalidad.
  • Ideal. «como me gustaría ser». Es la representación de atributos que nos gustaría poseer (aspiraciones, metas, objetivos).
  • Debería. «como debería ser». Idea sobre las características que creemos que deberíamos tener (reglas, normas, obligaciones).
  • Potencial. «como puedo ser». Son las capacidades que creemos que podemos poseer (nuestro potencial).
  • Futuro-Esperado. «como espero ser en el futuro». Los atributos que creemos que probablemente poseeremos en el futuro.

Es muy interesante considerarlos todos ya que nos ayudan a reconocernos, hasta en las partes más escondidas de nosotros mismos. Al separar aspectos que nos son propios podemos rescatar características que teníamos ocultas e incluirlas y aceptarlas como parte de nosotros.

Si se producen discrepancias entre el yo real y el ideal, surgen síntomas depresivos. SI la discrepancia es entre el yo real y el debería, aparece ansiedad. Y si está entre el yo real y el debería, nos encontramos con la culpa. Es importante no esconder ningún aspecto propio, porque al esconderlos los estaremos negando y podemos estar poniendo en peligro nuestra salud.

Desarrollo de la personalidad

La personalidad se desarrolla continuamente, no es una entidad fija. Se origina con el desarrollo del autoconcepto en la niñez. Se crea a través de la interacción con otras personas, y fruto de la experiencia, propia y única de cada persona. Los primeros años son vitales para el desarrollo de las capacidades intelectuales y afectivas como base de una personalidad armónica.

  • Autoconciencia y reconocimiento físico. La personalidad comienza con el desarrollo del autoconcepto o sentido de sí mismo. Cuando tenemos dieciocho meses empezamos a reconocernos en el espejo. Y demostramos que tenemos conciencia de quienes somos, como personas diferenciadas de los demás. Empezamos a construir nuestra identidad.
  • Autodescripción y autoevaluación. Una vez nos reconocemos como personas únicas, comenzamos a describir las cosas en términos descriptivos (grande, pequeño) y evaluativos (bueno, malo). Y es así como desarrollamos nuestras preferencias personales y gustos que van dando forma a nuestra personalidad.

La personalidad sigue madurando, desarrollándose y formando nuestra historia de vida. Son los acontecimientos que cada individuo vive, aprendizajes, relaciones familiares, situación histórica, logros personales, fracasos, ideas, actitudes, fantasías, y todas aquellas situaciones que configuran la vida de una persona que dan forma a quiénes somos en cada momento de nuestra vida. La personalidad tiende a estabilizarse con los años, manteniendo la identidad y conduce a una mayor consistencia de la personalidad.

El ser humano se construye, se moldea, se realiza todo el tiempo. Este proceso siempre es en beneficio de sí mismo.

Dinámica de la personalidad

La dinámica de la personalidad se basa en el concepto de la «tendencia a la actualización» (Rogers). Es un concepto que se desarrolla para explicar la motivación que hay en todas las personas para mejorarnos a nosotros mismos. Se trata de la tendencia innata de todas las personas para conseguir «ser lo mejor que podamos llegar a ser».

Lo que ocurre es que en el desarrollo de la personalidad aparecen obstáculos como: la necesidad de aprobación de los demás. Cuando buscamos encajar podemos hacer caso omiso a nuestros deseos. A veces ocultamos quienes somos por miedo a no encajar frente a los demás. Es por esta razón por la que las personas perdemos nuestra esencia. Y podemos llegar a sentir un gran vacío existencial y desorganización entorno a nuestra identidad: la persona no se reconoce o se extraña de su propia conducta.

Para solventar este problema debemos aumentar nuestra autoconsideración positiva. Se trata de aprender a valorarnos a nosotros mismos, con todas las experiencias negativas o aspectos ocultos de nuestra personalidad. Debemos trabajar para librarnos de temores, y aprender a querernos en base a criterios propios. Se trata de aceptarnos tal cual somos para poder tener una relación auténtica con nosotros y con los demás.

Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma.

Carl G. Jung.

Rasgos de personalidad

Los rasgos de personalidad son las respuestas habituales que llevamos a cabo las personas en las mismas situaciones. Se supone que pueden predecir nuestra forma de actuar. Ya que las personas solemos reaccionar de manera similar a las mismas circunstancias. Se han analizado los rasgos de la personalidad universales a todas las personas. Se han llegado a proponer numerosas listas con varios elementos de la personalidad de las personas. Pero el modelo que más se ha utilizado es el Modelo de los cinco factores (McRae y Costa). Las cinco dimensiones propuestas por este modelo tienen validez universal y son aplicables desde la juventud hasta vejez. Estos rasgos se han llamado “Los 5 grandes de la personalidad”:

  • Extraversión. Dimensión que hace referencia a la cantidad e intensidad de las interacciones interpersonales, al nivel de actividad, a la necesidad de estimulación y a la capacidad para experimentar emociones positivas. Explica por qué hay personas que prefieren estar solas, mientras otras buscan estar rodeadas de gente. Extrovertidos e introvertidos: ¿Con quién te identificas? Los rasgos relacionados con las relaciones sociales aumentarían desde la adolescencia hasta los 40 años, los aspectos asociados a la vitalidad descenderían entre los 20 y los 30.
  • Afabilidad-Cordialidad. Las personas que se definen por su amabilidad suelen ser atentas, compasivas, confiadas, gozan de la simpatía y el cariño de los otros, les ayudan y empatizan con sus problemas, y suelen mostrarse algo ingenuas, al creer que la mayoría de la gente quiere comportarse y se comportará de la misma manera. Aumentaría con la edad, sobre todo entre los 50 y 60 años.
  • Tesón-Responsabilidad. Define como rasgos personas competentes, ordenadas, cumplidoras. Aumentaría con la edad, no sufriendo cambios en la adolescencia. La responsabilidad se valora según la forma en que las personas llevan a cabo sus tareas, si se muestran organizadas, perseverantes, efectivas, ambiciosas, son competentes o tienen capacidad de automotivarse.
  • Neuroticismo. Es el factor relacionado con el nivel crónico de ajuste e inestabilidad emocional y con la tendencia a experimentar emociones negativas y estrés. Incluye respuestas de afrontamiento desadaptativas, ideas poco realistas, necesidades excesivas o dificultad para tolerar la frustración o el estrés. Parece ser una dimensión relevante en personas que sufren problemas psicológicos. Aumentaría en la adolescencia y el inicio de la adultez y entre los 50 y 60 años, pero se mantendría relativamente estable a lo largo del ciclo vital.
  • Apertura mental-Apertura a la experiencia. Esta dimensión se asocia a la creatividad, a la curiosidad y a la búsqueda activa de nuevas experiencias y de lo desconocido. Las personas con mayores puntuaciones en este factor se muestran más abiertas a nuevas experiencias, a los cambios y a aceptar puntos de vista diferentes al propio. Aumentaría en la adolescencia, se mantendría a lo largo de la etapa adulta y descendería en la vejez.

Estabilidad vs. cambio

La personalidad se caracteriza tanto por la estabilidad como por el cambio. Tanto la estabilidad como el cambio de personalidad son válidos y adaptativos. Es normal y saludable permanecer con rasgos invariables que definen nuestra personalidad más auténtica. Pero también es necesario que podamos cambiar e ir adaptándonos a las necesidades de cada momento vital. Ser demasiado rígidos no sería adaptativo. Por eso es normal cambiar con los años.

  • Estabilidad. Se caracteriza por los rasgos de la personalidad que no varían a lo largo de la vida. Los rasgos más estables de nuestra personalidad se relacionan, sobretodo, con factores hereditarios y genéticos. Son aspectos de nuestra personalidad que nacen con nosotros y forman parte de nuestra genealogía.
  • Cambio. Los cambios más notorios tienen que ver con los que se dan debido a la edad. Cuando nos acercamos a la edad adulta las personas solemos buscar más intimidad, nos volvemos más genuinos y generosos, somos más responsables, nos preocupamos por los demás y necesitamos de más libertad en las relaciones personales. También aquí se incluyen los cambios normativos (cambio de roles, edad, estatus) Ej. ser madre. Y los no normativos, o personales. Ej. Divorcio.

La personalidad humana es compleja, pero funciona como un sistema organizado que se resiste al cambio. Nos resistimos a cambiar porque los cambios producen un gasto de energía en todos los sistemas biológicos. Así pues, las personas creamos nuestras propias reglas de afrontamiento como una estrategia adaptativa. Es a través de nuestras elecciones como elegimos aquellos entornos que se ajustan a nuestra personalidad. Elegimos lugares de trabajo, las personas que nos rodean etc. Así nunca elegiremos tomar decisiones que nos sitúen en una posición de desventaja respecto a nuestra personalidad.

A pesar de todo esto, no se puede negar la capacidad de cambio potencial de todos nosotros. Es decir, es innegable que tenemos un margen de cambio. Decir que el cambio es infrecuente no quiere decir que no lo hay. De hecho podemos decir que los cambios son comunes incluso en los últimos años de vida. Aunque siempre siguen apareciendo tendencias globales de personalidad.

Identidad personal narrativa

Hay ocasiones en las que no nos reconocemos en nuestras acciones o en las decisiones que tomamos. Por eso podemos pararnos para tratar de averiguar cuál es nuestra identidad y reflexionar sobre quiénes somos Autoconocimiento personal: ¿Quién soy?. Nuestra identidad personal puede hacerse más consciente si la analizamos a través de narraciones sobre nosotros mismos. Para lograr dar sentido a nuestra vida las personas debemos ordenar nuestras experiencias vividas a través del tiempo. De esta manera conseguiremos dar coherencia a nuestra vida y estar más presentes en el mundo que nos rodea.

Las personas poseemos una identidad narrativa que dirige la vida con unidad, finalidad y significado. Nos ayuda a comprender cómo llegamos a ser quienes somos y hacia donde vamos. La identidad narrativa es la autobiografía interiorizada de la reconstrucción del pasado y del futuro imaginado; y surgiría en la adolescencia tardía, cuando las personas se enfrentan a explorar los roles adultos. Hacia los 20 años, la personalidad se expande y profundiza en esas características de nuestra identidad narrativa interiorizada.

Las personas que logran conocerse también aprenden a utilizar su personalidad. Utilizan la autoobservación para controlar la imagen que proyectan en los demás. Son capaces de de crear apariencias y de adecuarse a las exigencias y cambios en diferentes ambientes. Esta sería la más alta expresión de la identidad y el manejo de la personalidad. Pues son personas que debido a su autoconocimiento son capaces de emplear o desarrollar características que les permiten regular e incluso suplantar su propia identidad.

Bibliografía

González, G. A. S. (2019). Teorías de la personalidad.

Viruela Royo, A. (2013). Desarrollo de la Personalidad: Estabilidad y cambio desde el inicio de la adolescencia al inicio de la etapa adulta (Doctoral dissertation, Universitat Jaume I).

Oviedo, S. M. (2011). El desarrollo de la personalidad en los niños/as de 0 a 3 años.

Deja una respuesta